domingo, 7 de agosto de 2016

Carl Gustav Jung y Rene Guenon


 



La Psicología Arquetípica de Jung tiene como objeto fundamental que el yo-ego de la conciencia humana deje de ser el foco rector de su vida y de paso en su lugar al Sí-Mismo, su Centro más profundo, siendo éste de carácter psicoideo (más allá de lo meramente "psíquico" en ascensión por el Eje "hacia arriba") y lo más "alto" que puede experimentarse y constatarse desde el plano psíquico, en su "punto lïmite". Más allá, empíricamente, la "ciencia de Jung" no puede hablar en términos científicos porque es el ámbito de la metafísica. Este Sí-Mismo lo ha calificado Jung, entre otros términos, como "Dios en nosotros". El retorno al Centro de la esencia humana es el objetivo de Jung, como en Guénon, solo que éste añade el concepto de los estados múltiples del ser y el "salto" a estados suprahumanos ascendiendo por el "Eje" (lo que entra ya en el ámbito metafísico claramente).

Para Jung la espiritualidad es un don de dios que dota de pleno sentido a la vida del individuo que la porta. 


Si bien al inicio de su carrera profesional Jung se centró en el inconsciente personal (que no es el "subconsciente" freudiano puesto que incluye "gérmenes" positivos para el desarrollo armónico del alma), la práctica totalidad de su investigación se centra en las "zonas altas de lo inconsciente", ese supraconsciente que el denominó "inconsciente colectivo" cuya naturaleza exacta es imposible de dilucidar bajo parámetros científicos y fenomenológicos, pero que, desde luego no son "psíquicos" sino extra-psíquicos o "suprapsíquicos", y que denominó "psicoideo".

En este sentido, el "medio" más idóneo para "comprender" -en la medida en que es posible al alma humana- el "mensaje espiritual" proveniente del ámbito psicoideo es el Símbolo arquetípico que, por ejemplo, se manifiesta en cierto tipo de sueños, que él llamó "sueños grandes" o "sueños arquetípicos". El símbolo "espiritualiza" al ser humano cuando éste lo asimila en lo que puede empleando para ello la totalidad de sus facultades.
El alma (o psique) es la intermediaria entre el cuerpo y el espíritu, entre lo somático y lo psicoideo (y lo que hay más allá), y sólo a través del alma el ser humano puede acceder al ámbito del espíritu. Por eso el ámbito de actuación de la hermenéutica junguiana es el alma, de la cual dijo que era "religiosa por naturaleza".

Consciente de que Maya teje una red de ilusiones en el alma humana, Jung se propuso, a través de sus métodos, proporcionar a los hombres la técnica y el conocimiento necesario para poder eliminar tales ilusiones o proyecciones, para lo cual es preciso adentrarse en el camino del "conócete a tí mismo".
La hermenéutica junguiana es una nueva afloración del hermetismo, tradición occidental por excelencia, sólo que con una terminología nueva. Jung es un alquimista moderno que ha adaptado la tradición hermética al "medio ambiente" moderno. Jung rechazó hablar sobre la metafísica de la religión, aunque sí se centró en la "imaginería" religiosa, es decir, en las "formas" adoptadas por lo sagrado, lo numinoso, lo psicoideo; formas que adoptan formulaciones, expresiones e iconografía humana al contactar con el alma y, luego, con el ego-yo de la conciencia-consciencia.
Mientras Guénon optó fundamentalmente por la metafísica, Jung lo hizo por lo que llaman "cosmología" los tradicionalistas; mientras Guénon se centró en el espíritu, Jung lo hizo sobre el alma; mientras Guénon incidía en el Yan (lo Masculino), Jung lo hacía sobre el Yin (lo Femenino); mientras Guénon centra su discurso sobre el Purusha, Jung lo hace sobre Prakriti; mientras Guénon mira a Oriente, Jung se queda en Occidente...

Mientras Guénon siguió primordialmente la "Vía Seca" o de la Mano Derecha que bebía del gnosticismo masónico, Jung se decantó por la "Vía Húmeda" o de la Mano Izquierda que es la de las imágenes y la del empirismo.

Mientras Guénon le gustaba lo "abstracto" (el Mundo de las Ideas), Jung se detenía en lo "concreto" (lo empírico, lo vivenciado día a día por su alma-psique).

Mientras Guénon creía en una cadena iniciática regular cuyo punto de origen se encuentra en el Centro Supremo guardián de la Palabra (de la Tradición Primordial que es "extrahumana" pues su fuente es el Verbo), Jung creía en el Inconsciente Colectivo, "depósito" espiritual de la Humanidad cuyo origen primero es Dios, y al que cada ser humano puede "acceder" sin necesidad de iniciación regular ninguna pues la "influencia espiritual", a modo de "gracia divina", se encuentra ya implícita en los arquetipos psicoideos de ese Inconsciente Colectivo Psicoideo.

Mientras Guénon insistió en la regularidad iniciática y la "influencia espiritual" proporcionada ritualmente en el seno de una organización iniciática, Jung afirma que el verdadero "iniciador" es el "gurú" interior, el Sí-Mismo, teniendo como intermediario al alma y no a un ser humano concreto, de ahí que en su obra no exista rasgo alguno de pertenencia a una organización iniciática.
El "gurú interior" que "inició" a Jung, que fue el Mercurio-Hermes de los hermetistas, adoptó la forma de un Viejo Sabio con alas de alción, al que él llamó Filemón y Elías.

La metafísica siempre será superior a la cosmología; la terminología milenaria sacra siempre estará más cercana al "corazón" del ser humano que la "psicológica" y será mucho más efectiva colectivamente hablando, pero en esta época del Kali Yuga, esa terminología "psicológica" de Jung ha servido de "puente" para quienes perdieron la fe en los credos religiosos y están desamparados pues la terminología religiosa no les dice nada y la simbología religiosa está "muerta" y carece de "vida" para ellos, y sin embargo, a través de la hermenéutica junguiana pueden acceder de nuevo a lo numinoso, a lo sacro, a lo psicoideo y, dando un paso más, a lo metafísico.

Mientras que en Guénon imperó el pensar y el intuir, en Jung lo hizo la intuición y el sentimiento, lo cual es lógico debido a la preponderancia que dió en su hermeneútica y camino al alma, y por tanto el Amor y la Compasión fueron dos referentes constantes en la vida y obra de Jung, lo cual se hecha a faltar en Guénon, cuya "frialdad" intelectual es todos conocida y destacada (dudo mucho, por ejemplo, que diera un beso a alguno de sus hijos alguna vez, o si lo hizo, seguro que se pueden contar con los dedos de las dos manos). Y termino con un  par de frases de San Pablo.

 Refiriéndose a Cristo dijo, en Efesios IV, 9: "Mas ¿por qué se dice que subió a los cielos, sino porque antes había descendido a los lugares más ínfimos de la tierra?.

"Llamado o no llamado, Dios está presente": máxima que Jung talló en el dintel de la entrada de su casa y que se encuentra en su estela funeraria.

Fuente: Ángel Almazán