sábado, 5 de septiembre de 2026

Juliano el apóstata: El soberbio aliado de los judíos

Juliano el Apóstata es probablemente uno de los personajes más interesantes de la Antigüedad para entender hasta dónde puede llegar la soberbia humana cuando se enfrenta al cristianismo. Educado como cristiano, terminó renegando de Cristo y tratando de restaurar el paganismo romano. No se limitó a practicar sus viejos cultos, quiso hacer retroceder al cristianismo y recuperar para los dioses paganos el lugar que había perdido.

Y aquí aparece una de las grandes ironías de su reinado. Para combatir a los cristianos, Juliano llegó a apoyarse en los judíos y favoreció su posición frente al Imperio cristiano. Pero fue todavía más lejos: prometió reconstruir el Templo de Jerusalén y devolver a los judíos el culto sacrificial que se había interrumpido siglos antes, así como otros privilegios (por ejemplo anuló el impuesto especial sobre los judíos introducido por Vespasiano tres siglos antes).

Retrato de Juliano el Apóstata (Flavius Claudius Julianus ...
Juliano el Apóstata.

 

El proyecto, sin embargo, terminó en fracaso. Cuando comenzaron las obras se produjeron incendios y otros fenómenos que hicieron imposible continuar. El propio historiador pagano Amiano Marcelino, que acompañó a Juliano, habla de bolas de fuego que surgían de los cimientos y obligaron a abandonar la construcción. Para los cristianos de la época aquello fue mucho más que una casualidad: fue una señal de que Dios mismo estaba frustrando el intento de Juliano de desafiar la verdad del Evangelio.

Y aquí está lo curioso... más de 1.600 años después seguimos viendo una versión bastante cutre del mismo fenómeno. Muchos neopaganos anticristianos dicen querer recuperar las tradiciones europeas, pero terminan dedicando una cantidad desproporcionada de energía a atacar a la Iglesia Católica y, en ocasiones, incluso abrazando ideas procedentes de la cábala, el ocultismo judío o determinadas corrientes gnósticas.

Es decir, tanto Juliano como algunos de sus imitadores modernos pueden acabar cayendo en la misma contradicción: dicen querer combatir una religión extranjera mientras se apoyan precisamente en elementos ajenos a la auténtica tradición pagana europea. Al final, cuando la obsesión contra Cristo se convierte en el centro de la propia identidad, uno puede terminar defendiendo cualquier cosa con tal de llevarle la contraria.

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