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viernes, 5 de diciembre de 2025

Pedro de Alvarado: el conquistador irreductible

Pedro de Alvarado es uno de esos personajes que, por más que intenten reinterpretarlo con filtros "morales" actuales, sigue imponiéndose per se. No necesita maquillaje épico, su vida ya lo fue. Fue uno de los capitanes más eficaces y resolutivos de la conquista, un tipo rápido, decidido y con un liderazgo que no pedía explicaciones. Y, para qué negarlo, alguien cuya presencia generaba respeto inmediato.

Nació en Badajoz, en una España que acababa de culminar la Reconquista y que vivía marcada por la guerra. Ese ambiente forjó a muchos hombres de acción, y Alvarado fue uno de los más destacados. En América no tardó en hacerse notar. No solo por su capacidad militar, sino porque era de los que transmitían seguridad. Cortés, que no era precisamente ingenuo, confiaba en él para las misiones que requerían velocidad, dureza y resultados.

Pedro de Alvarado, el terror de los mexicas
 
Durante la campaña de México, Alvarado no fue un ayudante secundario, fue un pilar clave. Mientras Cortés se movía políticamente o coordinaba estrategias, Alvarado ejecutaba. Y ejecutaba bien. Su apodo de “Tonatiuh”, el Sol, dado por los mexicas, refleja bien el impacto que producía tanto en aliados como enemigos. 

En la serie “Hernán”, de Prime Video, pese a ser bastante buena, trataron de pintarlo como un personaje temerario, casi un radical sin freno. Pero incluso así, la fuerza del personaje se impone. Alvarado sigue transmitiendo carisma en pantalla. Aunque intenten subrayar sus excesos, lo que realmente se ve es un hombre decidido, directo y con una energía que destaca por encima del resto.

El episodio de la Noche Triste suele usarse para criticarlo. Se pueden discutir decisiones, pero lo que no se puede negar es que mantuvo la sangre fría y que, después de aquello, siguió cumpliendo su papel sin hundirse ni buscar excusas.

A lo largo de su trayectoria, Alvarado compartió con Cortés no solo campañas, sino también las tensiones con la Corona y con los funcionarios enviados a vigilarlos. Ambos eran hombres de acción, y eso irritaba profundamente a esa casta de administradores grises —también los había en esa épocaque viven de poner trabas y de vigilar a los que demuestran ser audaces. No es casual que, en distintos momentos, los dos terminaran bajo investigaciones, detenciones temporales y maniobras políticas de esos gestores mediocres y de coraje escaso, empeñados en limitar a quienes les recordaban su propia insignificancia.

Más tarde, su conquista de Guatemala mostró otra vez lo mismo: determinación, rapidez y una voluntad férrea. No era un hombre para la política ni para los despachos. Su terreno era la acción. Y murió como vivió, en campaña, montando a caballo y moviéndose de un frente a otro.

Pedro de Alvarado fue un conquistador en el sentido más literal. Y por eso sigue llamando la atención hoy: porque representa una forma de estar en el mundo que ya casi no existe, y que por más que se intente reinterpretar, mantiene intacta su fuerza.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Los Conquistadores españoles frente al hombre mediocre actual

En este vídeo Marcelo Gullo da una breve lección magistral sobre los Conquistadores, sobre como eran, y que motivaciones reales tenían:
 

"La mayoría de profesores de historia españoles nihilistas y materialistas, filósofos y antropólogos... no pueden entender la conquista de América, porque hay una gran diferencia entre ese viejo español que conquistó América y los hombres actuales de España. No tienen los cojones que tenían esos hombres. No tienen la valentía que tenían esos hombres."

miércoles, 29 de octubre de 2025

Garcilaso, el hombre templado

Garcilaso de la Vega nació en Toledo, en 1501, en una familia noble de las de verdad, no de esas infladas por el dinero o las apariencias, y cristiano viejo, como correspondía a su linaje. Sirvió al emperador Carlos V y combatió en Italia y Francia, donde ganó respeto sin necesidad de fanfarrias.
Era soldado, pero también poeta. Hombre de guerra con alma cultivada, que supo unir la disciplina del acero y la belleza de la palabra.

GARCILASO DE LA VEGA (Toledo, 1499 ¿? – Niza, 1536) – poeticasediciones 

En la corte vivió de cerca la ambición, la adulación y la mentira —estaba repleta de cristianos nuevos, trepas y serviles—, pero nunca se dejó arrastrar. Garcilaso no era de hablar mucho. Prefería actuar. Tenía ese tipo de presencia que se impone sin esfuerzo: la del hombre silencioso que sabe quién es y no necesita demostrarlo.

Su vida cambió al conocer a una mujer —Isabel Freire, dicen los cronistas—. La amó con serenidad. Y cuando la perdió —Isabel se casó con otro por conveniencia social, muriendo al cabo de pocos años—, no buscó consuelo ni se vino abajo, apretó los dientes y siguió cumpliendo su deber, fiel a sí mismo. Del dolor hizo disciplina: mientras otros se ahogan en lo que sienten y pierden el rumbo, él lo transformó en impulso y propósito. Y aquí fue cuando escribió sus mejores obras.

Su poesía, virilmente melancólica, limpia y serena, trajo a España el equilibrio italiano sin perder la rudeza castellana. Versos de belleza contenida, donde la emoción está bajo control, como un arma en manos firmes. Así era él, nunca blando, pero nunca cruel.

Murió joven, con 35 años, asaltando una fortaleza francesa en Provenza. Una piedra le alcanzó la cabeza. Aún gravemente herido, aguantó luchando unas horas más, hasta que lo retiraron del frente, pero ya era tarde. Murió cumpliendo su deber como soldado, fiel hasta el último aliento, sin pedir reconocimiento y cuidando más su alma que su suerte.

Garcilaso representa ese tipo de hombre cada vez más raro: el que vive con dignidad, sin estridencias ni disfraces. El que no busca dominar a nadie, pero tampoco se deja dominar. El que habla cuando debe, y calla cuando el silencio vale más.



viernes, 17 de octubre de 2025

El Árbol de la Vida (1653). Catedral de Segovia

En El Árbol de la Vida (Ignacio de Ries, 1653) Catedral de Segovia. El mundo se divierte sobre las ramas sin mirar que el tronco está a punto de caer, sumidos en la ignorancia y la vanidad de los placeres mundanos. Abajo, la muerte y el fuego avanzan, y el demonio atiza el fuego. Solo Cristo intenta apuntalar el árbol que todo lo sostiene. Es un llamamiento a cuidar más la vida espiritual, para lograr la vida eterna, y a ser consciente de lo efímera y frágil que es nuestra vida terrena. Barroco puro.

El cuadro incluye las siguientes inscripciones:

"Mira que te mira Dios, mira que te está mirando."
"Mira que te has de morir, mira que no sabes cuando."


miércoles, 10 de septiembre de 2025

La política del Imperio Español hacia los indígenas VS la actual “Hispanchidad”

Uno de los rasgos más llamativos de la expansión española en América fue el modo en que la Corona y la Iglesia afrontaron la cuestión indígena. A diferencia de otros imperios, la monarquía hispánica reconoció pronto la plena humanidad de los pueblos descubiertos: tenían alma, podían recibir el bautismo y, por tanto, ser miembros de la Cristiandad. Las Leyes de Burgos (1512) y más tarde las Leyes Nuevas (1542) prohibieron expresamente su esclavitud y afirmaron que eran vasallos libres de la Corona, con derechos y deberes semejantes a los de cualquier súbdito peninsular.

Sin embargo, esa integración espiritual y jurídica no significó una igualdad absoluta en todos los planos. Desde el siglo XVI se promulgaron normas que limitaban el traslado de indígenas a la Península Ibérica. Los motivos eran diversos. Por un lado, se alegaba la voluntad de protegerlos de abusos y desarraigos: lejos de su tierra, lengua y costumbres, muchos caían en servidumbre de hecho, lo que contradecía la política oficial. Por otro lado, había un trasfondo social: la Castilla del Renacimiento estaba marcada por la limpieza de sangre. La presencia masiva de indígenas en la Península se percibía como un elemento potencialmente dañino para un orden social que acababa de superar siglos de conflicto con judíos y musulmanes. Esto choca frontalmente con las consignas que hoy lanzan algunos Hispanchistas de renombre, ya que siguen promoviendo la inmigración proveniente de Hispanoamérica pese a haber millones de sudamericanos en la Península.

Olían mal los conquistadores españoles? El mito que perdura en América 

La consecuencia práctica fue un equilibrio singular: los indígenas eran reconocidos como parte de la Cristiandad y sujetos de derechos, pero su mundo jurídico y vital se encuadraba en las Indias. Allí eran protegidos por un conjunto de normas específicas, y se los consideraba vasallos del rey dentro de sus comunidades. Solo en casos excepcionales se permitía su traslado a España: embajadores, criados de algún noble, o individuos muy concretos.

Si comparamos este modelo con el anglosajón, la diferencia es radical. Mientras que España limitaba la llegada de indígenas a la Península pero les reconocía un lugar jurídico y espiritual dentro de la Monarquía, Inglaterra y sus colonias tendieron a la segregación absoluta. El indígena norteamericano o el africano traído como esclavo eran vistos como radicalmente “otros”, carentes de derechos plenos e incluso de humanidad. La mezcla era rechazada, y el mestizaje, prácticamente inexistente.

En definitiva, la política hispánica hacia los indígenas se movió entre dos polos: el reconocimiento espiritual y jurídico como cristianos y vasallos, y la limitación práctica de su integración en la Península.

Como vemos, la realidad histórica dista mucho del nuevo concepto de Hispanidad que algunos historiadores y pensadores promueven, concepto que es caricaturizado con el nombre de “hispanchidad”, y no es para menos, puesto que promover la llegada de más inmigrantes procedentes de la america hispana, no tiene nada que ver con la política llevada a cabo por el Imperio español durante siglos respecto a los indígenas. Exageran y manipulan ciertos hechos históricos para justificar literalmente la sustitución étnica del pueblo español, bajo el pretexto de que esta inmigración es preferible a la africana.

 

Europa Ancestral

martes, 2 de enero de 2024

Las mentiras sobre las consecuencias de la expulsión de los judíos en 1492

La conversión forzosa de los judíos en 1492 supuso que miles de ciudadanos de este credo se vieran obligados a salir de España. No obstante, el paso de los siglos llevó a deformar un acontecimiento que otros países habían realizado anteriormente con mayor contundencia, como demuestra que la mayoría de los afectados por el edicto de Granada fueran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra. Y esa misma Europa antijudía que había celebrado en su momento la decisión de los monarcas españoles –la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones por «aquel símbolo de modernidad»–, fue la que en el siglo XIX dio una versión exagerada y embustera donde los españoles aparecieron como unos fanáticos que se condenaron para siempre a la decadencia por razones religiosas.



La ruina económica ¿en 1492?

Por otra lado, una nueva vertiente de esta leyenda negra emanó directamente del liberalismo. Según esta visión, fue la intolerancia de los españoles para con los judíos el origen de todos sus males y su ruina económica. Una teoría que empezó a parecer en la década de los años 30 del siglo XIX muy vinculados a los movimientos de emancipación de católicos y judíos en Gran Bretaña , entre ellos defendidos por William H. Prescott y Washington Irving . No en vano, esta visión deformada del acontecimiento bebía de la llamada Ilustración judía ( la Haskalá ), que defendía la integración de los judíos en las sociedades en las que vivían y usó la expulsión de 1492 como la prueba irrefutable de que las salidas forzosas de hebreos podían arruinar las economías de todo un país. Una afirmación que tenía su antecedente directo en la literatura apocalíptica sefardita (la comunidad de los judíos expulsados) que proclamó el fracaso de España tras su salida casi como un castigo divino.

Desde 1492, esta comunidad se mantuvo nostálgica del Sefarad y mitificó su presencia allí. Dentro de su literatura, cualquier contratiempo sufrido por el Imperio español fue interpretado como un castigo por la expulsión y maltrato de los judíos. La muerte de los hijos de Isabel La Católica  y el desastre de la Armada Invencible entre otras desgracias, eran a ojos sefarditas una intervención de Jehová para vengar a su pueblo. La salida de la única gente con talento para las ciencias y el dinero lastró el crecimiento de España y condenó al naciente imperio a su destrucción, según esta visión apocalíptica.

Así y todo, la idea de que España se desinfló a partir de la expulsión parte de la premisa cuestionable de que el tiempo anterior a este acontecimiento fue de un gran esplendor para Castilla y de que los judíos habían contribuido a la grandeza de los reinos hispánicos de forma decisiva. En este sentido, Joseph Pérez desmonta en « Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España » (Barcelona, Crítica) esta premisa al considerar que «en vista de la documentación publicada sobre fiscalidad y actividades económicas no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional». Su influencia estaba ya en caída libre cuando el primer imperio global se alzaba.

De tal manera, el Imperio español entró en colapso a finales del siglo XVII (si bien aguantó en pie hasta el siglo XIX) por múltiples cuestiones, entre ellas unos gastos militares inabordables y una fiscalidad disparatada en Castilla, pero no por la expulsión dos siglos antes de una población minoritaria. «Todo lo que sabemos ahora demuestra que la España del siglo XVI no era precisamente una nación económicamente atrasada [...]. En términos estrictamente demográficos y económicos, y prescindiendo de los aspectos humanos, la expulsión no supuso para España ningún deterioro sustancial, sino solamente una crisis pasajera, rápidamente superada», concluye Joseph Pérez en el citado libro.

La expulsión de los judíos, en cifras

En este sentido, la economía española no se derrumbó a raíz de la expulsión, sino que precisamente coincidió con los enormes beneficios que el descubrimiento y colonización de América trajeron para Castilla. Empezando porque la auténtica cifra de los que llegaron a salir del país fue muy inferior a la proclamada por la leyenda negra y, de hecho, la expulsión afectó sobre todo a las clases más bajas, a los que menos tenían que perder si no se convertían al cristianismo.

En tiempos de los Reyes Católicos , siempre según datos aproximados, los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la península pues se convirtieron al cristianismo y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Algunos historiadores han llegado a afirmar que solo se marcharon definitivamente 20.000 habitantes, entre los cuales no estaban aquellos calificados como «talentos de las ciencias y el dinero», que en su mayoría aceptaron la conversión.

 


 


miércoles, 8 de diciembre de 2021

Milagro de Empel - 8 de Diciembre, día de la Inmaculada Concepción

 Entre el 7 y el 8 de Diciembre de 1585 en Empel, Países Bajos. Un Tercio español estaba rodeado de ingleses y holandeses. La rendición parecía la única salida. El almirante Hollak propone a los españoles la rendición con honores, conservando armas y estandarte. El maestre del tercio español responde: " los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra, ya hablaremos de capitulación después de muertos. Ante tal respuesta el almirante Hollak abrió los diques de los ríos para inundar el campamento enemigo. Sólo quedó el pequeño monte de Empel donde se refugiaron los soldados del Tercio. Un soldado español, cavando una trinchera encuentra una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. Considerando el hecho como una señal divina, los soldados se encomiendan a la Virgen. Aquella noche un viento helado hace que las aguas del río se hielen. Entonces los soldados españoles, marchando sobre el hielo atacaron a la escuadra enemiga al amanecer del 8 de diciembre y obtuvieron una victoria tan completa que el almirante Hollak llegó a decir: "tal parece que Dios es español al obrar para ellos tan gran milagro". Desde entonces la Inmaculada Concepción fue patrona de los tercios españoles y más tarde de la infantería española, por eso el 8 de Diciembre es festivo.

El milagro de Empel.jpg

domingo, 7 de marzo de 2021

Mapa con datos reales sobre la quema de brujas.

En España se quemaron menos de 100 brujas durante los más de tres siglos de existencia del tribunal de la Santa Inquisición en España. Parece que el mito de la quema de brujas y la Inquisición queda destruido por completo con una sola imagen. Cabe destacar también a Rusia (ortodoxos) y a Irlanda (católicos).

viernes, 18 de enero de 2019

Las mentiras de la leyenda negra y la Inquisición española

La oleada de cristianofobia ha resucitado los mitos sobre la Inquisición para atacar a este tribunal e intentar desacreditar al catolicismo. Un reciente libro de María Elvira Roca Barea desmonta la leyenda negra que ahora asume la corrección política. 


Desde que en la segunda década del siglo XX Julian Juderías escribiera su colección de artículos y las dos recopilaciones sobre la Leyenda Negra empezó a arrojarse luz sobre la realidad de algunos de esos turbios y manipulados episodios de nuestra historia que tanto gustan repetir, sin confirmar su veracidad, a los enemigos de España. Da igual que esos enemigos estuvieran fuera, como era el caso del duque de Orange, promotor de estos relatos antiespañoles en el siglo XVI, o dentro de España, como ocurre con nuestra clase política, tan dada a la corrección política que tan dada es a la manipulación de la historia.
Juderías definía esa propaganda antiespañola en su libro de 1914 “La leyenda negra y la verdad histórica” como: ”los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad”.
Recientemente, uno de los tópicos más recurrentes de esos “fantásticos relatos” ha sido usado nada menos que por ISIS en un vídeo de amenaza contra España. En la grabación, un yihadista de origen español, que ha quedado bautizado como “el hijo de la Tomasa”, aseguraba que debían vengarse de los ataques de la Inquisición contra el Islám.
Es cierto que de un terrorista no se debe esperar gran cultura ni conocimientos, menos de quien decide sumarse a un grupo terrorista que sigue a una religión que pretende no evolucionar desde principios del siglo VII. Pero no deja de ser una clara muestra de la ignorancia en la que la leyenda negra, y sus perpetuadores progresistas, han sumido a la sociedad en la que nos ha tocado vivir.
Afortunadamente todavía quedan estudiosos que, lejos de aceptar los dogmas de la imposición cultural del pensamiento único, toman el relevo de Julián Juderías y sacan a la luz la documentación que muestra la realidad de una institución como la Inquisición que, con sus luces y sus sombras, dista mucho de ser lo que muchos pretenden presentar.
Un reciente libro de María Elviar Roca Barea, “Imperiofobia y la leyenda negra”, arroja luz sobre varios de los episodios de nuestro pasado que más son usados tradicionalmente para atacarnos. En lo que respecta a la Inquisición, la autora ha demostrado documentalmente que muchos de los tópicos que los políticos, la sociedad e incluso algunos historiadores han dado por buenos, son falsos y forman parte de esa manipulación antiespañola que ahora vuelven a esgrimir desde la izquierda, en connivencia con los separatismos periféricos.
La Inquisición no fue una creación española. La fundación del Tribunal del Santo Oficio en España data de 1478, bajo la monarquía de los Reyes Católicos, y se inspira en la Inquisición francesa que llevaba funcionando desde 1184, es decir: trescientos años antes.
Su jurisdicción, por mucho que se empeñe en el vídeo “el hijo de la Tomasa” era exclusivamente sobre cristianos bautizados y no podía actuar sobre personas de otras religiones. Por lo tanto no actuó jamás sobre musulmanes ya que al no ser bautizados, no podían cometer herejía.
La primera razón por la que se creó fue la de evitar que las herejías se propagasen por Castilla y Aragón, pero pronto se descubrió que tras su creación, el número de linchamientos que venían produciéndose en el mundo rural bajó considerablemente. Y es que la reglamentación de la herejía y su sometimiento a un tribunal evitó que el pueblo se tomase la justicia por su mano.
En cuanto a las causas abiertas, se conservan completos los archivos inquisitoriales entre 1540 y 1700. En ese periodo se desarrollaron casi 45 mil procesos por herejía, de los que la mayoría fueron resultados absolutorios y 1.346 resultaron condenados a muerte. Si comparamos con la Inquisición protestante en Alemania, para ese periodo, en el país nórdico 25.000 mujeres ejecutadas por brujas, en el caso de España no se llegó a los 300 casos.
Pero no solamente eso. Muchos de los delitos que hoy siguen siéndolo, solamente empezaron a perseguirse con la creación del Tribunal del Santo Oficio. Delitos como la violación o el proxenetismo no eran perseguidos hasta que se consideró herejía y pasaron a depender de la Inquisición.
En los últimos trescientos años de actividad de la Inquisición, solamente fueron condenados 220 protestantes por causa de herejía, de ellos sólo 12 fueron ejecutados, por supuesto en la hoguera. Si comparamos estos datos con los de la Ginebra de Calvino, vemos claras diferencias. La ciudad suiza de Ginebra fue el centro en el que Calvino quiso establecer una teocracia protestante. El municipio tenía una población de 20.000 habitantes en 1541, cuando se asentó allí definitivamente. En los quince primeros años de implantación de su supuesta teocracia, la inquisición calvinista acabó con la vida de cerca de 1.500 personas, es decir, el 7,5% de la población.
Una de las imágenes de la Inquisición española con las que nos bombardean normalmente los medios es la de las salvajes torturas por las que pasaban todos los detenidos para intentar, entre tormentos, arrancar una confesión de herejías en las que no se había participado.
Pero resulta que la Inquisición española es la única que tenía muy limitada la posibilidad de usar la tortura. A diferencia de lo que ocurría con luteranos y calvinistas, y con la Inquisición católica en otros países como Francia o los territorios italianos, la tortura solamente aparece en poco más del 1% de los procedimientos.
Es más, la Inquisición española prohibía que la tortura, que como hemos señalado se ceñía a casos muy concretos, sobrepasase los 15 minutos de duración y no podía poner en peligro jamás la vida del reo. Además, a diferencia de lo que ocurría en otros tribunales similares, siempre se realizaba en presencia de un médico que se cercioraba de que no se produjeran mutilaciones ni lesiones irreversibles.
También es más que llamativo el hecho de que la Inquisición prohibió totalmente el uso de la tortura en sus interrogatorios a principios del siglo XVIII, mientras que los tribunales civiles españoles y la mayoría de los europeos mantuvo estas prácticas hasta bien entrado el siglo XIX.
Y una curiosidad: muchos reos en procedimientos civiles optaban por blasfemar para que sus juicios se trasladasen a la Inquisición. ¿La razón? Que el trato de los prisioneros en las cárceles del Santo Oficio durante los siglos XVI al XIX fue mucho más decente que el que se padecía en las cárceles convencionales.

 Fuente: https://infovaticana.com

domingo, 17 de junio de 2018

Alonso de Ojeda, el conquistador.


(Cuenca, 1466 - Santo Domingo, 1515) Navegante, explorador y conquistador español, veterano de la guerra contra los moriscos, fue uno de los pioneros en la empresa de conquista que siguió al descubrimiento de América. Acompañó al almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje y participó activamente en las primeras acciones para someter a los indígenas de la isla de Santo Domingo (La Española). Conocido como el caballero de la Virgen, por su gran devoción a ésta. Entre 1499 y 1502 exploró la costa de las actuales Venezuela y Colombia y fundó Santa Cruz, primer emplazamiento español en el continente. Nombrado gobernador de Nueva Andalucía (Urabá), gobernación de Tierrafirme que comprendía el litoral colombiano, su intento de colonización fracasó, pero dio lugar a la fundación de Santa María la Antigua del Darién, base de futuras conquistas.

Perteneció a una familia hidalga de pocos recursos. En su juventud estuvo al servicio del duque de Medinaceli, don Luis de la Cerda, como paje. Alonso de Ojeda era pariente cercano de un alto miembro del Tribunal de la Inquisición, de su mismo nombre, quien le presentó al famoso obispo de Burgos, que fue después Patriarca de las Indias, don Juan Rodríguez de Fonseca. Participó en la toma de Granada, donde dejó constancia de sus dotes militares, de su destreza como espadachín y de su audacia.
El joven Ojeda se ganó en breve la buena voluntad del Obispo, quien ofreció dispensarle su protección a la primera oportunidad. Alonso tenía veintiocho años en 1494, y de él se daba la siguiente descripción: "Tenía los ojos azules, era pequeño de estatura, ágil hasta causar sorpresa, y en todos los ejercicios de las armas, maestro consumado; tenía el genio pronto y la vista perspicaz; era valiente hasta la temeridad, vengativo hasta la crueldad, tierno de corazón con los débiles, y cortés con las damas; pendenciero y duelista, pero hondamente creyente y por extremo observante de sus deberes religiosos."