lunes, 15 de junio de 2020

Constantino el Grande, el primer emperador cristiano de Roma.

Constantino I el Grande fue uno de los más destacados emperadores romanos, famoso por otorgarle legitimidad legal a la religión cristiana en el Imperio (lo legaliza y pone fin a la represión), por su reunificación y, por fundar una de las ciudad más maravillosas de la Antigüedad tardía, Constantinopla.

LA LENGUA LATINA – Rafael del Moral

Cayo Flavio Valerio Aurelio Claudio, mejor conocido como Constantino I, nació en Naissus en el año 272, hijo de Flavia Elena y Constancio Cloro, uno de los césares de la Primera Tetraquía. Su padre compartía el poder con dos augustos, Diocleciano y Maximiano, y otro césar, Galerio. El joven Constantino sirvió en la corte de Diocleciano, hasta que en el año 305 su padre obtuvo el título de augusto, pero al año siguiente, murió en la Britania romana. Constantino, que estuvo a su lado en su lecho de muerte, fue proclamado el nuevo augusto por el general y las tropas de Constancio Cloro.
Al mismo tiempo, en Roma se nombraba emperador al hijo de Maximiano, Majencio, que reclamaba el título de único Augusto. De esta forma comenzó un período de disputas políticas y luchas de poderes. En la batalla del Puente Milvio, en el 312, Constantino venció a Majencio y luego se alió a Licinio, quien venció a Maximino en 313. El imperio había quedado dividido en ellos: Licinio dominaba en Oriente y Constantino en Occidente, hasta que en 324 obtuvo la victoria definitiva y el poder absoluto del Imperio Romano.

Durante su gobierno, Constantino introdujo grandes cambios que afectaron la historia para siempre. Además de reformar leyes, cortes y ejércitos, trasladó la capitalidad del imperio a Bizancio (actual Estambul) y la rebautizó Constantinopla, la segunda Roma. Pero la mayor de sus obras fue la de permitir el libre culto a los cristianos, tan perseguidos en aquel entonces.

En el año 312, antes de una batalla, Constantino soñó que Cristo le pidió que grabara las iniciales de su nombre en los escudos de sus tropas y, al día siguiente, vio una cruz superpuesta en el sol y la leyenda «con esta señal serás vencerás».Inmediatamente, mandó a pintar esto en los escudos y a realizar el nuevo estandarte, y finalmente contra todo pronóstico, venció a Majencio. Como resultado, se convirtió al cristianismo. También cabe destacar que su madre Elena (Santa Elena), que era cristiana, tuvo una gran influencia en él

Al poco tiempo, Constantino entregó los viejos cuarteles de la guardia pretoriana de Majencio para que se construyera una basílica cristiana, que se convirtió en sede catedralicia: la actual Basílica de San Juan de Letrán. Tiempo después mandó a construir otra sobre el sitio donde se decía que había sido martirizado San Pedro y donde sus restos descansaban: la Basílica de San Pedro. En el año 313, Constantino y Licinio había promulgado el Edicto de Milán, que permitía la práctica del cristianismo. Esto le permitía a los cristianos –anteriormente perseguidos y martirizados- ocupar cargos oficiales, construir edificios propios y llevar adelante sus ritos, aunque aún no ocupaba el lugar de la religión oficial del Imperio (esto lo proclamó Teodosio en el Edicto de Tesalónica de 380). Además, entre todas las leyes que creó, abolió la crucifixión, sustituyéndola por la horca (la ley romana y la justicia sí seguían vigentes); permitió que la Pascua se celebre públicamente, y lo mejor de todo, declaró el día domingo como día de descanso.

Como el primer emperador cristiano, se esforzó por apaciguar las diferencias religiosas y convocó el Primer Concilio de Nicea en el año 325. Su objetivo era poner fin a algunos problemas doctrinales dentro de la Iglesia de los primeros siglos, especialmente la controversia con el arrianismo, doctrina que negaba la naturaleza divina de Cristo, que finalmente fue considerado una herejía por la mayoría de obispos del Concilio

Constantino fue llamado “el grande” y no fue en vano. No sólo fomentó el cristianismo, sino que además reunificó el Imperio Romano y derrotó a los francos, a los visigodos y a otros pueblos invasores, expandiendo los confines del Imperio. Pero como todo ser humano, no pudo contra una enfermedad que acabó con su vida en el año 337. Poco antes de su muerte fue bautizado para morir como un cristiano, limpio de todo pecado. Esta curiosa pero pragmática decisión la tomó durante su conversión, decidió que no se bautizaría hasta poco antes de su muerte, por motivos políticos por una parte, para no causar demasiado revuelo y que el proceso de cristianización de Roma fuera paulatino, y por motivos religiosos, ya que no quería bautizarse y luego seguir pecando gravemente durante toda su vida, algo que era casi obligatorio para un emperador romano.

Fuentes:
Vidasfamosas.com
Aciprensa
Enciclopedia Encarta