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domingo, 14 de junio de 2026

Conquistarse a uno mismo


Conquistarse a uno mismo es la mayor de todas las victorias. ¿De qué sirve conquistar el mundo si uno es conquistado por sus propias pasiones? Quien es capaz de reprimir la ira, controlar la lengua y gobernar los impulsos del alma, ese es el verdadero vencedor. Porque la guerra no es contra enemigos externos, sino contra las pasiones internas, que son más feroces que cualquier bárbaro. Cuando estas sean dominadas, el mundo entero estará en calma ante nosotros.

 

 San Juan Crisóstomo, Imperio Bizantino, S.IV


sábado, 2 de mayo de 2026

Poner la otra mejilla


Actualmente, como ocurre con tantos otros pasajes evangélicos, este fragmento ha sido desfigurado por una lectura superficial, sentimental y completamente descontextualizada (algo muy propio de ese "hombre primitivo" que es el hombre actual según Ortega y Gasset, el cual ha olvidado los conocimientos de sus antepasados). Se ha convertido en una consigna de debilidad, cuando en realidad encierra una enseñanza profundamente exigente y cargada de dignidad. Para entenderlo correctamente, hay que situarse en su contexto histórico y atender a la interpretación constante del Magisterio de la Iglesia, no a los clichés modernos.

Poner la otra mejilla no es sumisión. Es un acto de desafío.

La mentalidad actual interpreta el mandato de Cristo como una invitación a ser pasivo, a dejarse pisotear, a adoptar una postura blanda e indefensa. Pero eso no tiene nada que ver con lo que ocurría en la Judea del siglo I. Allí, la mano izquierda se consideraba impura; no se utilizaba para golpear a nadie.

Por tanto, para abofetear la mejilla derecha —como especifica Jesús— el agresor debía usar el dorso de la mano derecha. Esa bofetada no era simplemente violencia: era un gesto de desprecio. Era la forma en que un superior humillaba a un inferior. El mensaje era claro: «Estás por debajo de mí».

Cuando la víctima gira la cabeza y ofrece la mejilla izquierda, cambia por completo la situación. Ya no es posible repetir el mismo gesto de desprecio. El agresor se ve obligado a golpear con la palma o con el puño. Y eso ya no es lo mismo: el puño se reserva para un igual.

Ahí está la clave.

Cristo no está enseñando a sus seguidores a acobardarse ni a aceptar la humillación. Les está enseñando a mantenerse firmes, a no rebajarse al nivel del agresor, pero tampoco a interiorizar su desprecio. Es una forma de resistencia sin odio, de firmeza sin violencia ciega.

Y eso exige más valor que devolver el golpe. Porque cualquiera puede reaccionar por impulso; lo difícil es sostener la dignidad sin perder el control, sin ceder al miedo y sin venderse por dentro.

Por eso, lejos de ser una llamada a la debilidad, este pasaje es una de las expresiones más radicales de fortaleza interior que existen. No habla de rendición, sino de dominio propio. No propone humillarse, sino impedir que el otro te degrade. Es, en definitiva, una lección de autoridad moral que hoy muchos no entienden… precisamente porque exige mucho más que la simple fuerza. 

domingo, 8 de febrero de 2026

La sustitución del matrimonio por el concubinato: signo de descomposición civilizatoria

  

 

El auge del concubinato durante las últimas décadas —esa convivencia prolongada durante años, sin compromiso formal ni reconocimiento público, que se normaliza y se perpetúa en el tiempo— es uno de los síntomas más claros de la descomposición moral y antropológica de nuestro tiempo. No es solo una cuestión religiosa: es una cuestión de civilización. Allí donde el hombre pierde el sentido del deber y de la trascendencia, también degrada su forma de relacionarse, sustituyendo el matrimonio —ámbito natural de las relaciones con compromiso y reconocimiento— por vínculos carentes de estructura y responsabilidad.

En todas las culturas humanas avanzadas, incluso mucho antes del cristianismo, el vínculo entre hombre y mujer se entendió como algo serio, duradero y regulado socialmente. Desde las sociedades prehistóricas hasta las civilizaciones clásicas europeas, siempre existió alguna institución equivalente al matrimonio: un compromiso formal que protegía a la mujer, legitimaba a los hijos y aseguraba la continuidad de la comunidad. Nunca, hasta tiempos muy recientes, el ser humano había relegado este tipo de vínculo al concubinato como norma aceptada.

En la antigua Roma, el matrimonium civil era esencial para la estabilidad social y la continuidad familiar. El concubinato quedaba reservado a esclavos, libertos o soldados en campaña, es decir, a quienes no gozaban de pleno estatus ciudadano. Era una unión de segunda categoría, sin derechos ni reconocimiento social. La concubina podía ser repudiada sin consecuencia alguna: no era esposa, sino compañera tolerada. Algo similar ocurría en otras sociedades paganas europeas —griegas, germánicas o celtas— donde solo el matrimonio otorgaba dignidad social, hogar y protección jurídica a los hijos. Las mujeres libres aspiraban al matrimonio formal, no al concubinato; sabían que este equivalía a una posición precaria, sin reconocimiento ni continuidad asegurada.

En contraste con ese modelo europeo, que incluso en época precristiana tendía a la monogamia y a la estabilidad del vínculo, en el islam el concubinato y la poligamia quedaron abiertamente institucionalizados. El varón puede tener varias esposas y, además, concubinas —tradicionalmente esclavas—, lo que disuelve la exclusividad y fragmenta la unión. La mujer queda reducida a un estatus variable, dependiente de su utilidad, fertilidad o del favor masculino, en una lógica que recuerda notablemente al concubinato moderno: convivencia sin alianza plena, sin exclusividad real y sin garantías duraderas.

El matrimonio civil, en cambio, implica asumir públicamente al otro, aceptar responsabilidades, establecer justicia y permanencia. Introduce orden, reconocimiento y deberes. Desde siempre, el matrimonio ha sido la forma de garantizar que la unión entre hombre y mujer no dependa de la mera conveniencia. El cristianismo no crea esta institución desde la nada, sino que la eleva: la saca definitivamente del ámbito de lo revocable y la convierte en alianza plena, orientada al bien común y a la permanencia.

La situación actual revela, por tanto, algo inquietante. Lejos de representar un progreso moral o intelectual, el desprecio contemporáneo por estas estructuras ancestrales muestra una ruptura con la sabiduría acumulada durante cientos de generaciones. Nunca, desde las sociedades más primitivas hasta las civilizaciones históricas consolidadas, la humanidad había normalizado la disolución del compromiso entre hombre y mujer como ocurre hoy. El hombre moderno, que se cree emancipado y avanzado, no aparece aquí como más sabio, sino como profundamente ignorante: un individuo que ha perdido la memoria moral de su propia especie.

Despreciar estas estructuras no es un acto de lucidez ni de audacia intelectual, sino una forma de involución antropológica. Y cuando una sociedad rompe con aquello que durante milenios la sostuvo, no se libera: se encamina, lenta pero inexorablemente, hacia la descomposición moral, la quiebra de los vínculos y la deshumanización.

Bibliografía:

Veyne, P. La sociedad romana (1976).
Burgos, J. M. Antropología breve (2003).
Stanley, S. M. et al., Journal of Family Psychology (2006).
Lévi-Strauss, C. Las estructuras elementales del parentesco (1949).

 

jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

Con el nacimiento de Cristo, Dios se hace hombre y entra en la historia para rescatar al hombre desde dentro. Al asumir nuestra carne, dignifica la naturaleza humana y la eleva. No viene solo a enseñar, sino a restaurar lo que estaba roto: la relación quebrada entre Dios y el hombre, herida por el pecado y la soberbia. El nacimiento de Cristo marca el inicio de la reconciliación entre Dios y el ser humano. 
La Navidad es la cercanía de Dios, la prueba de que no nos abandona y de que la salvación comienza con su presencia entre nosotros.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Protestantismo y Catolicismo: Diferencias clave

La mayoría de la gente apenas sabe qué es el protestantismo, y muchos, aunque reconocen que es distinto del catolicismo, desconocen en qué se diferencian realmente. Por eso vale la pena hacer un breve repaso de las principales diferencias entre ambas doctrinas. Algunas de ellas resultan desconocidas incluso para católicos con cierta formación —a los protestantes ni los mencionamos, ya que suelen tener unos conocimientos pésimos sobre catolicismo—. Entre estas diferencias hay un punto moral clave (que veremos subrayado) en el que algunos católicos actuales, sin darse cuenta, piensan de forma protestante. Veamos cuáles son esas diferencias y su fundamento.

El protestantismo, se inició con la rebelión religiosa de Lutero a principios del siglo XVI. Lutero, a grandes rasgos, no solo criticaba la cuestión de las indulgencias, las cuales consistían en la remisión de la pena temporal (Purgatorio) a cambio de una donación. Es decir, los pecados, como ahora, eran perdonados mediante el sacramento de la penitencia, pero la pena temporal, la que se paga en el purgatorio, sigue estando ahí, y con las indulgencias de tipo económico —había otras también, como ayunar, rezar o peregrinar—  podía borrarse ese tiempo de condena. Era, en definitiva, era un tipo de indulgencia más, que a su vez, servía a reyes y nobles para congraciarse con el Pontífice y servían por lo general para financiar proyectos arquitectónicos en Roma, o para obras piadosas, como colegios y hospitales.
 

Las bodas de 'oro viejo' de Lutero y Catalina de Bora, la 'power couple'  que cambió
Lutero y su novia.

 

Pero como insinuábamos, esto era solo una excusa, la parte propagandística, con la que Lutero quería ganarse sobre todo a los nobles alemanes, manipulando el significado real de este tipo de indulgencias, presentándolo como una especie de chantaje o extorsión por parte de Roma. Una vez que ya hemos descrito la parte propagandística de esa "reforma" fomentada por Lutero, vayamos al tuétano de los cambios que pedía realmente el monje alemán:

La Sola Scriptura, Lutero sostenía que la única autoridad en materia de fe era la Biblia, no el Papa, ni la Tradición, ni los concilios. Cada creyente podía interpretarla libremente libre examen—, sin mediación sacerdotal, y esto condujo de raíz hacia el relativismo religioso, puesto que cada uno interpretaba lo que le parecía, o lo que más le convenía, como fue el caso del propio Lutero, que se agarró a este concepto para justificar el hecho de casarse con una monja pese a haber hecho voto de celibato. Lógicamente, el concepto de Sola Scriptura abría la puerta a miles de interpretaciones personales (de ahí la proliferación de cientos de sectas protestantes, como los testigos de jehova, los metodistas, los mormones, etc).

La Sola Fide, el segundo dogma clave: el hombre se salva solo por la fe en Cristo, no por sus obras, ni por los sacramentos, ni por méritos personales. Según Lutero, el ser humano es totalmente corrupto y no puede cooperar con la gracia; solo puede "creer" y Dios lo declara justo por pura misericordia.

Esto destruía el concepto católico de la cooperación entre fe y obras, y daba alas al fatalismo moral, ya que, si no somos capaces de evitar hacer el mal, ni de lograr absolutamente ninguna mejora personal por nosotros mismos, tampoco somos culpables de nuestros pecados... somos incapaces de hacerlo mejor; con lo cual, no hemos de esforzarnos por no pecar, puesto que ya estamos salvados por Cristo por el mero hecho de creer en él... y qué cojones, si ya estamos salvados, hagamos pues lo que nos apetezca —decían—.

La influencia de los puritanos en los Estados Unidos de hoy – Conversacion  sobre Historia
Protestantes puritanos de postureo en Estados Unidos, siglo XVII.



Estos fueron realmente los pilares de la mal llamada "reforma protestante" y no la chorrada de las indulgencias, que aún hoy en día escupe el sudamericano protestante de turno para atacar —sin éxito alguno y de una forma totalmente anacrónica— al catolicismo. De estos cambios fundamentales se derivaron los siguientes:

Abolición de la eucaristía: Negó la presencia real de Cristo en la eucaristía, la misa dejó de ser un sacrificio solemne ofrecido a Dios con todo lo que ello implica, pasando a ser una simple “cena conmemorativa”.

viernes, 17 de octubre de 2025

El Árbol de la Vida (1653). Catedral de Segovia

En El Árbol de la Vida (Ignacio de Ries, 1653) Catedral de Segovia. El mundo se divierte sobre las ramas sin mirar que el tronco está a punto de caer, sumidos en la ignorancia y la vanidad de los placeres mundanos. Abajo, la muerte y el fuego avanzan, y el demonio atiza el fuego. Solo Cristo intenta apuntalar el árbol que todo lo sostiene. Es un llamamiento a cuidar más la vida espiritual, para lograr la vida eterna, y a ser consciente de lo efímera y frágil que es nuestra vida terrena. Barroco puro.

El cuadro incluye las siguientes inscripciones:

"Mira que te mira Dios, mira que te está mirando."
"Mira que te has de morir, mira que no sabes cuando."


sábado, 20 de septiembre de 2025

La Cruz de Caravaca

La tradición sitúa el origen de la Cruz en el siglo XIII, cuando Caravaca estaba bajo dominio musulmán. Se cuenta que en 1231, el rey moro de la ciudad, Zeyt-Abuzeyt, pidió a unos cautivos cristianos que mostraran cómo celebraban la misa. Uno de ellos, un sacerdote llamado Ginés Pérez Chirinos, se preparó para oficiarla.

Pero al llegar el momento de la consagración, faltaba lo esencial: el crucifijo sobre el altar. Según la tradición, en ese instante dos ángeles descendieron del cielo portando una cruz patriarcal (de doble travesaño) y la depositaron sobre el altar. El rey moro, al presenciar el milagro, se convirtió al cristianismo junto con muchos de sus súbditos.

De este suceso procede la devoción a la Cruz de Caravaca, considerada “lignum crucis” porque la reliquia contiene en su interior un fragmento auténtico de la Cruz de Cristo.

La Cruz de Caravaca se asocia a protección contra el mal, amuleto espiritual, defensa de la fe y símbolo de la lucha de la Cristiandad en tierras fronterizas con el Islam.

 

La Cruz de Caravaca 

jueves, 14 de agosto de 2025

Henry Howard, poeta y guerrero

Henry Howard, conde de Surrey (1517-1547), fue un noble inglés, poeta renacentista y uno de los primeros en introducir el verso blanco en la literatura inglesa. De linaje aristocrático y carácter altivo, sirvió en la corte de Enrique VIII, donde destacó por su talento y por su espíritu combativo. Mantuvo rivalidades y tensiones con otros cortesanos, ganándose tanto admiradores como enemigos. Sus críticas veladas y su ambición política le costaron caro: acusado de traición por supuestas aspiraciones al trono, fue ejecutado a los 30 años. Católico de convicciones, su figura combina cultura, valor y un destino trágico propio de los grandes personajes históricos.

Howard, con todos sus defectos, no renunció a la fe tradicional ni se doblegó al protestantismo de Enrique VIII.

Era un hombre de su tiempo, un caballero católico del Renacimiento no era un monje, sino alguien que defendía su linaje, su rey (cuando era justo) y su fe… a la vez que lidiaba con tentaciones y pasiones humanas. 

Poeta y guerrero católico:

  • Fiel a la Tradición: En plena Inglaterra protestante, Howard mantuvo su lealtad a Roma y al viejo orden caballeresco, incluso cuando esto le costaba ganarse enemigos peligrosos en la corte.

  • Espíritu combativo: No era un cortesano servil; tenía la lengua afilada y el orgullo alto, lo que le llevaba a chocar con rivales y a no “bajar la cabeza” ante injusticias.

  • Cultura y armas: Poeta refinado y guerrero valiente, personificaba la idea medieval-renacentista de que la pluma y la espada podían ir de la mano.

  • Pasiones humanas: Vanidad, rivalidades, impulsividad… todo eso lo acompañaba. Pero el catolicismo, lejos de exigir una pureza irreal, le pedía luchar contra esas pasiones y buscar redención.

  • Mártir político: Acabó ejecutado no por ser un criminal común, sino por ser una figura incómoda, demasiado noble y orgullosa para la corte de Enrique VIII.

  • Legado: Encarnó la resistencia de un mundo que se apagaba, un caballero que prefería caer de pie antes que vivir arrodillado.

     

Autónomo de pensamiento, culto, orgulloso, con gusto refinado, valiente hasta el exceso y con un desprecio evidente hacia el servilismo de su entorno. Henry Howard vivió y cayó en sus propios términos. No pidió permiso. No buscó aprobación. Y por eso su nombre sigue en pie, cuando tantos otros se borraron con el tiempo. 

 

martes, 5 de agosto de 2025

Mediocridad intelectual

José Antonio Primo de Rivera - Wikipedia, la enciclopedia libre

"Aquí están los ridículos intelectuales henchidos de pedantería, son la descendencia venida a menos de aquellos intelectuales que negaron la movilidad de la tierra y su redondez y la posibilidad del ferrocarril porqué todo ello pugnaba con las fórmulas. Pobrecillos, como van a entender a través de sus gafas de miopes el atisvo aislado de la luz divina, lo que no cabe en sus estrechas cabezas creen que no puede existir y encima se rien con aire de superioridad... "


Jose Antonio Primo de Rivera

viernes, 15 de noviembre de 2024

Apocalipsis: Los que permanecerán fieles

En los tiempos del Anticristo, el señorío del demonio será tremendo. Los que permanecerán fieles serán los que «no se ensuciaron con mujeres» (Ap 14, 4), es decir, con la Mujer, la Ramera (la nueva religión del mundo). Hombres límpidos, «en cuya boca no se encontró mentira» (Ap 14, 5), hombres lúcidos y valientes, verdaderos baluartes en medio de un huracán, acosados por la traición y el espionaje. 

En las novelas Su Majestad Dulcinea y Juan XXIII (XXIV), Castellani los imagina cual «guerreros de Cristo», nueva Caballería, al modo de las antiguas Órdenes religioso-militares; los «cristóbales», los llama, «la resurrección de Don Quijote». Sean «combatientes», sean «pacientes», poco les será concedido.
Verán el Templo hollado por los impíos, verán cómo la jerarquía del Pseudoprofeta –mercenarios en vez de pastores– enseña una religión nueva –gnóstica, sincrética y contraria a la moral–.

 

El Apocalipsis según Castellani, del sacerdote Alejandro Sáenz.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Frutos de la descristianización: La gran idiotez de ser pagano y español.



Cada vez que se habla de la acelerada descristianización de Europa, suele venirnos a la cabeza el crecimiento del ateísmo o las conversiones de algunos españoles endófobos al Islam. No es en absoluto una idea equivocada, pero junto a la alternativa atea y agnóstica e incluso frente al crecimiento del islam en nuestras tierras, una minoría marginal de europeos -especialmente entre los grupos identitarios- aboga por una vuelta a lo que había antes de que se extendiese la fe de Cristo: el paganismo.

Este fenómeno se debe principalmente a la descristianización mencionada anteriormente, encabezada por la masonería y la judería, pero puede pervivir durante décadas principalmente por tres razones: La ignorancia abrumadora en torno al catolicismo, la ignorancia sobre nuestra propia historia, y la falta de sentido crítico.

Las dos primeras causas no hace falta desarrollarlas, ya que en gran parte se deben a la falta de sentido crítico, y es que muchos chavales e incluso adultos, en cuánto leen algo que les atrae un poco, ya lo hacen suyo y no tienen interés alguno por informarse sobre otros puntos de vista, por pueril que sea el que ellos defienden. Para colmo, si estas creencias alimentan su ego y camuflan sus complejos, pierden totalmente el criterio propio y la capacidad de plantearse si sus creencias son ciertas o tan solo un simple embuste promovido por el enemigo que dicen combatir.

Y es que es muy curioso, y hasta delirante, que haya patriotas que dicen combatir al judaísmo internacional, y que para ello se dediquen a atacar neuróticamente al Catolicismo, a la religión de sus ancestros y de sus héroes... siguiendo con ello (sin saberlo) las instrucciones prescritas en el Talmud. 

Pero la cosa no acaba aquí, ya que para más inri, bajo un supuesto paganismo, muchos de ellos en realidad defienden creencias que provienen directamente de la Cábala, ese libro tan preciado por las élites judías, por encima incluso del Talmud, y que en realidad es una compilación de todo conocimiento gnóstico, paganoide y esotérico de las distintas religiones orientales de la antigüedad, mezclando desde filosofía griega contaminada por lo oriental -desde tiempos de Alejandro Magno-, hasta el lejano hinduismo, pasando por el zoroastrismo.

En cuánto a los que simplemente se autodenominan como paganos y siguen el rollo nórdico o algo similar, bueno, en realidad no siguen ninguna religión, más allá de la adopción de cuatro símbolos y algunos conceptos limitados de los cuales muy poco se ha transmitido debido a la parca y simple escritura que desarrollaron esos pueblos, así como la falta evidente de uniformidad entre dichas creencias, siendo muy diferentes de una región a otra. Estos neopaganos, con el tiempo y teniendo cierto interés en encontrar la verdad, se acaban dando cuenta de que esas ideas paganas adoptadas como religión no tienen validez alguna, ya que es una "espiritualidad" primitiva, carente de rituales y muy poco desarrollada en cuánto a vida trascendental, más allá de cuatro mitos muy concretos y además desarrollados posteriormente por escritores nórdicos cristianos, como Snorri Sturluson. Snorri fue un escritor islandés del siglo XIII que tuvo que copiar ideas  y rituales cristianos, además de añadir algunas ideas inventadas para darle un mayor atractivo a su obra, puesto que él nunca pensó en ella como una forma de revivir el paganismo nórdico, si no más bien como tributo cultural hacia sus ancestros y para intentar balancear de alguna manera esa imagen de bárbaros que aún arrastraban como pueblo.

Dicho esto, solo queda ayudar a los que quieren informarse sobre el Cristianismo (Cristianismo católico amigos, ya que muchos de vosotros, auténticos españoles paganos descendientes de Thor, desconocéis las enormes diferencias entre el protestantismo y el catolicismo...) y rezar por los que detestan el cristianismo, para que algún día vuelvan a tener criterio propio y sean capaces de informarse sobre aquello que tanto odian, odio que, por cierto, comparten con la élite mundial cabalística que dicen combatir.


Y esto mismo sucede también con los patriotas que siguen un pretendido "tradicionalismo" esotérico y que, aún no siendo anticristianos, defienden posiciones radicalmente contrarias a la espiritualidad católica y ajenas a nuestro pueblo. Albergan falsos prejuicios hacia el catolicismo, prejuicios que encuentran su justificación en ese "catolicismo" moderno y hippiesco, totalmente desvirtuado, que emana en buena medida del Vaticano y de parte del clero. Con ellos, al igual que con los paganos que no sean anticristianos furibundos, debemos debatir y ayudarles a volver al camino de nuestros héroes, nuestros sabios y nuestros santos: el camino de Cristo.

De todos modos, por muy tercos que parezcan, recordemos lo que sucedió con los antiguos pueblos paganos, algunos de ellos con una religiosidad mucho más sana que la de los neopaganos actuales. Ellos acabaron convirtiéndose al Catolicismo, mucho más por convencimiento que por la fuerza (contrariamente a los que dicen los amigos del compás y la escuadra), dejando atrás para siempre sus antiguas creencias, actuando con honradez y humildad, no como hicieron los falsos conversos talmúdicos unos siglos más tarde...

Con lo cual, de igual manera que los antiguos paganos europeos decidieron seguir a Cristo, los más válidos de entre los actuales neopaganos también acabarán buscando a Cristo para encontrar la Verdad, y de paso encontrarse a sí mismos.


Europa Ancestral