miércoles, 4 de enero de 2017

El brutal asesinato del Zar de Rusia Nicolás II y su familia


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El Asesinato del zar Nicolás II de Rusia fue un crimen político perpetrado por los bolcheviques en 1918 para asegurarse de que este no volviera a gobernar Rusia. Ningún juez o jurado lo condenó a muerte, ni ordenó su ejecución, pero no solo le asesinaron a el, sino a su familia, los criados y hasta al médico familiar.
En 1979, los historiadores Aleksandr Avdonin y Geli Riábov hallaron la posible tumba de la familia imperial en el bosque de Koptiakí. Análisis de ADN confirmaron el hallazgo. En 1981, la Iglesia ortodoxa rusa en el exilio canonizó a los integrantes de la familia Románov.
En 2008 el Tribunal Supremo de Justicia de la Federación Rusa rehabilitó a Nicolás II y a su familia, teniendo en cuenta a las víctimas de la represión política bolchevique; una decisión muy esperada por los descendientes de la familia imperial y la Iglesia ortodoxa rusa.
Al triunfar la Revolución de Octubre de 1917, en la que los bolcheviques —liderados por Lenin— derrocaron al gobierno de Kérenski, el Soviet Central a cargo de Yákov Sverdlov, un líder bolchevique judío perteneciente al círculo íntimo de Lenin, y quien estaba a cargo administrativamente del destino del zar, ordenó primero el traslado a Moscú del emperador depuesto; pero luego se instruyó el traslado de la familia imperial a Ekaterimburgo, que se hallaba bajo control del Soviet de los Urales con apoyo del Ejército Rojo.
El gobierno alemán había propuesto al Soviet que el emperador refrendara el tratado de paz, pero como segunda intención oculta era negociar la libertad de Nicolás II para posteriormente poder reimplantar el régimen monárquico ya que Alemania se había dado cuenta de la verdadera naturaleza de la revolución socialista mundial proclamada por Lenin. Por esa razón se lo había intentado enviar a Moscú en un primer momento. El Soviet, al tanto de estas maniobras y temeroso de lo que implicaba la intención, tomó las providencias para que jamás se volviera a instalar el zarismo en Rusia.


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 Lenin y Sverdlov


El 4 de julio de 1918, tomando como pretexto el avance de la Legión Checoslovaca que podría liberar a la familia del zar, Filipp Goloshchokin, quien presidía el Sóviet de los Urales, se apersonó apresuradamente en Moscú con Sverdlov y planteó el asesinato y encubrimiento ante este último. Sverdlov consultó a la alta cúpula del Sóviet Central y la orden fue dada.
Un escuadrón de la policía Cheka al mando de Yákov Yurovski, un importante oficial bolchevique de origen judío, relevó a la guardia de la casa, y el 16 de julio recibió la orden del Sóviet de los Urales de fusilar a toda la familia. No importó que el zar había abdicado y renunciado al poder mucho antes de ser capturado, entregando el mando a un gobierno interino e instaurando un parlamento.
La planificación misma del magnicidio in situ fue hecha por Yurovski, quien se reservó el derecho de disparar primero sobre el "verdugo coronado" como se lo llamaba a Nicolás II; aparte de Yurovski, la camarilla la componían, Piotr Ermakov y Gregoy Nikulin, todos miembros y asesinos probados de la Cheka.
Un subordinado de Goloshchokin, Piotr Ermakov, comisario bolchevique judío, quien tenía el control del campesinado del Ural, tenía la función de eliminar toda evidencia del asesinato no pudo conseguirse los dos camiones de transporte requeridos hasta el día siguiente. Ermakov además de participar en el pelotón, haría encender los motores de ambos vehículos para ahogar el ruido de los disparos.
El escuadrón estaba compuesto por doce hombres, siete de los cuales eran ex-combatientes húngaros, a cada uno de ellos se les asignó una víctima; dos de ellos se negaron a disparar sobre mujeres y al menos uno de ellos fue deshechado y reemplazado por Ermakov. Los miembros del escuadrón eran Gregori Nikulin, asistente de Yurovski, Piotr Ermakov asistente de Goloshchokin, Piotr Medveyed, S. Vagánov, Andreas Vergasi, Laszlo Horvath, Víctor Griinfeldt, Imre Nagy, Emile Fekete, Anselm Fischer e Isidor Edelstein. Los verdugos implicados en el asesinato eran mayoritariamente de origen lituano o judío.
En la medianoche del 17 de julio el zar junto a los integrantes de la familia fueron llevados al sótano de la Casa Ipátiev donde fueron fusilados, junto a algunos sirvientes cercanos, e incluso un médico leal. El pretexto era que se los iba a tomar una fotografía antes de partir; o se los iba a trasladar.
Nicolás II colocó al heredero en sus rodillas mientras tomaba asiento junto a la zarina, las hijas se sentaron atrás y los sirvientes y el médico a los costados, de pie. Pasaron unos instantes y repentinamente entró Yákov Yurovski con revólver en mano y 17 soldados armados con fusiles a la bayoneta.
Cuando Yákov Yurovski levanta el revólver y declara al zar que "el pueblo ruso" lo ha condenado a muerte, el zar alcanza a balbucear: -" que?"- y le dispara casi a quemarropa. El zar cae instantáneamente muerto, la zarina se alcanza a incorporar haciendo la señal de la cruz y gritando, es muerta de un disparo en plena boca por Yurovski y seguidamente los fusileros realizan una descarga cerrada al resto de la familia. Las hijas, que llevaban corsés apretados y además en su interior estaban cargados con joyas, no mueren inmediatamente y son rematadas a la bayoneta. Anastasia, que se había desmayado cuando comenzaron los disparos, recuperó la conciencia y fue muerta a golpe de culatas de los fusiles y por los bayonetazos realizados por Ermakov.
El zarévich sobrevivió a la primera descarga y fue muerto por Yurovski en el remate de moribundos disparándole dos veces a la altura del oído. Una de las sirvientas que no recibió la primera descarga es perseguida dentro de la habitación y asesinada a bayonetazos, e incluso la mascota es muerta de un disparo.
El zar murió con 50 años recién cumplidos. Este episodio daba fin a la dinastía Romanov y con éste, el régimen zarista.



 

Posteriormente los cuerpos son llevados en camiones y depositados en una mina abandonada.
Al día siguiente, Yurovski, temiendo que el rumor sobre el fusilamiento indujera a recuperar los cuerpos, ordenó su traslado y destrucción de los cadáveres por fuego y ácido y arrojarlos a piques de otras excavaciones, ubicadas 12 km fuera de la ciudad, en la mina que se llama "los cuatro hermanos".
En 1981, la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio canonizó a los integrantes de la familia Románov, una decisión refrendada en agosto de 2000 por el sínodo de la Ortodoxia Rusa. Desde 1998 sus restos reposan en la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo.
El entierro de los restos mortales de la familia real dio pie a debates en medios políticos y religiosos. Pese al examen pericial genético que corroboró la autenticidad de los restos reales descubiertos, tanto la Iglesia Ortodoxa Rusa como los poco numerosos monárquicos de Rusia se niegan a reconocer que en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo fueron enterrados justamente Nicolás II y sus familiares.
A la luz de este hecho, la decisión tomada por los Jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Rusa de canonizar a Nicolás II (Románov) parece algo contradictoria. Según las tradiciones de la Iglesia Ortodoxa Rusa, existen determinadas condiciones a las que deben responder los candidatos a la canonización. Por ejemplo, sus restos deben curar y del icono debe emanar crisma.
La Iglesia parece haber tenido sus razones para declarar santa a la familia imperial. Algunos piensan, por ejemplo, que la Iglesia Ortodoxa Rusa hace cierta concesión a la Iglesia Rusa en el extranjero que había canonizado a Nicolás II hace aproximadamente veinte años. Según afirma el clero, el Zar fue canonizado debido a su "resignación y docilidad frente al martirio".
Según piensan los prelados, la decisión de canonizarlo debe traer paz a las almas de los habitantes de Rusia y reconciliarlos con el pasado del país. Pero no fue así: los sondeos de opinión muestran que la población se ha dividido más o menos en dos partes iguales, una mitad cree que Nicolás II merece ser canonizado, mientras que la otra mitad tiene una opinión distinta.
Los partidarios de la canonización piensan que Rusia es culpable ante el ungido por haber acogido con indiferencia su ejecución en 1918 y ahora debe expiar esta culpa. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

Milagro de Empel - Festividad de la Inmaculada Concepción

Entre el 7 y el 8 de Diciembre de 1585 en Empel, Países Bajos. Un Tercio español estaba rodeado de ingleses y holandeses. La rendición parecía la única salida. El almirante Hollak propone a los españoles la rendición con honores, conservando armas y estandarte. El maestre del tercio español responde: " los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra, ya hablaremos de capitulación después de muertos. Ante tal respuesta el almirante Hollak abrió los diques de los ríos para inundar el campamento enemigo. Sólo quedó el pequeño monte de Empel donde se refugiaron los soldados del Tercio. Un soldado español, cavando una trinchera encuentra una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción. Considerando el hecho como una señal divina, los soldados se encomiendan a la Virgen. Aquella noche un viento helado hace que las aguas del río se hielen. Entonces los soldados españoles, marchando sobre el hielo atacaron a la escuadra enemiga al amanecer del 8 de diciembre y obtuvieron una victoria tan completa que el almirante Hollak llegó a decir: "tal parece que Dios es español al obrar para ellos tan gran milagro". Desde entonces la Inmaculada Concepción fue patrona de los tercios españoles y más tarde de la infantería española, por eso el 8 de Diciembre es festivo.

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lunes, 21 de noviembre de 2016

¡Santiago y cierra, España!

"¡Santiago y cierra, España" no significa los que el viejo mester de progresía ha hecho creer a generaciones enteras de españoles, empezando por el pobre Sancho Panza  que, en el Quijote, muestra su pasmo sobre el significado de la frase perguntándose si " por ventura es que España está abierta y es menester cerrarla". Sancho Panza, como millones de españoles, antes y después de él, ignoraba el valor y la función de ese signo de puntuación que es la coma, en la misma medida que Felipe González y sus genios propagandísticos cuando redactaron el famoso lema del Referéndum OTAN. ¡Ay, las comas! que mal colocadas, ninguneadas o soslayadas te cambian el sentido de una frase y de la voluntad del que la expresa. De ahí que los notarios abominen de los testamentos ológrafos.

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"¡Santiago y cierra, España!" no es, pues, de ninguna manera, ese grito endogámico de la España tenebrista, cerrada sobre sí misma, enemiga de la libertad y del progreso que todos los que se han permitido el lujo cultural de escupir sobre nuestra propia Historia han proyectado y fomentado con mucho éxito, por cierto. Desde el más tonto al más listo; como por ejemplo, Ramón María del Valle-Inclán, quien en su obra "Luces de Bohemia", pone en labios del modernista Dorio de Gádex "Santiago y abre España, a la libertad y al progreso". Aún sin quererlo, acierta Valle-Inclán. Claro que el acierto azaroso, surgido de la voluntad expresa de querer decir todo lo contrario, es la peor forma de acertar porque, efectivamente, "¡Santiago y cierra, España" nace de la firme voluntad de los españoles de conquistar su libertad y, a partir de ella, el progreso que convirtió a España en la primera potencia mundial durante siglos y en todos los órdenes, no solo el militar, también el cultural, científico y artístico.
La voz "¡Santiago y cierra, España!" nace en la Reconquista, concretamente en la batalla de las Navas de Tolosa. Descompongamos la frase: Santiago, invocación al Apóstol, patrón de España, del que hoy ni el Rey de la tierra que él evangelizó se acuerda. Está tan liado, el pobre, que hasta con la Historia de su Patria se ha hecho un lío. Cierra, voz castrense mediante la cual se ordenaba cerrar el cuadro de las formaciones de infantería y de las brigadas de caballería buscando acometer al enemigo, acortar distancias con él y trabar combate. Nada que ver, por lo tanto, con la interpretación, incluso valleincalnesca, de cerrar, en el sentido de clausurar, España a la libertad y el progreso. Después viene la coma, signo de puntuación de pausa que separa el término cerrar del nombre de España. Por lo tanto, para todo aquel que sepa leer no se quiere decir, de ninguna manera, cerrar España como quien cierra una puerta para que nada ni nadie entren, dejando aislados a los que están al otro lado. No. Finalmente y después de la coma, España como invocación a la Patria por la que se va a luchar, a morir y a vencer, siempre con la intercesión de Santiago, en el inminente combate.
Gracias a la invocación "¡Santiago y cierra, España", nacida en la Reconquista y utilizada también por los Ejércitos Imperiales españoles, España se abre al mundo, conquista el mundo y el mundo acaba hablando español porque los Tercios Viejos cerraron sus cuadros sobre la geografía universal. Si España se hubiera cerrado, como sostienen los juglares del viejo mester de progresía, hoy más de medio mundo no sabría qué significan libertad y progreso.    

Fuente: La gaceta

miércoles, 26 de octubre de 2016

Carlomagno, Emperador Franco y de la Cristiandad.

Introducción

Carlomagno, rey de los francos fue el fundador del Imperio Carolingio que más tarde se convirtió en el Sacro Imperio Romano Germánico.




Carlomagno fue hijo bastardo de Pepino el breve y nieto de Carlos Martel. Nació en el año 742 y murió en el año 814, a los 72 años de edad lo que era una extraordinaria longevidad para la época.

Antecedentes: el contexto histórico anterior a la época de Carlomagno

Carlomagno está asociado históricamente al resurgir -tras los primeros siglos oscuros europeos posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente- de una organización política y religiosa capaz de alcanzar el llamado "Renacimiento Carolingio"
Pero ya antes de Carlomagno empezó a haber un caldo de cultivo propicio para este fenómeno.
Ya en la primera mitad del siglo VIII, el Reino Franco se encontraba en el proyecto de una reconstrucción cultural, religiosa y militar.
Este movimiento tiene dos influencias distintas. Por un lado era consecuencia de la entrada de libros procedentes de las islas británica. Por otro, desde Roma se emprende la vital tarea de transmitir las enseñanzas clásicas y de mejorar los textos de los libros esenciales para toda comunidad cristiana.
Es por ello que las formas litúrgicas seguidas en el reino de los francos se veían cada vez más influidas por las prácticas recomendadas por el papado romano.


Biografía de Carlomagno

Carlos (luego llamado Carlomagno), hijo de Pipino el Breve, heredó tras la muerte de su padre en 768 un amplio territorio. La otra parte correspondió a su hermano Carlomán.
Sin embargo, la pronta muerte de Carlomán en el año 771 hizo posible la reunificación pacífica del reino bajo la soberanía de Carlos.

Los primeros años de su gobierno estuvieron dedicados a la guerra, acometiendo expediciones conquistadoras sobre lombardos a petición del Papa de Roma Adriano I, que se veía amenazado por éstos.
También penetró en la Península Ibérica, siendo vencido en la famosa batalla de Roncesvalles por los vascones, que luego generaría el famoso cantar de gesta sobre Roland (o Roldán)
Posiblemente sus guerras más encarnizadas las mantuvo con los sajones de la Península Danesa, pueblo guerrero de gran espíritu de independencia y no cristianizado, que ofrecieron heroica resistencia.






Tras numerosas campañas, en el año 785 los sajones decidieron someterse a Carlomagno, aceptando el bautismo.

La administración y el gobierno
Cuando Carlomagno y su corte no se encontraban en campaña permanecían un cierto tiempo en distintos lugares sin residencia fija, hasta que a finales de siglo VIII se erigió el gran palacio de Aquisgrán. Durante la última parte del reinado, la corte franca residió normalmente en Aquisgrán.

Como todo gobernante medieval que debía administrar grandes territorios, el principal reto de Carlomagno fue establecer un sistema de control de sus dispersas tierras mediante la delegación en una serie de nobles (condes y prelados).
Para mantener un permanente control de estos prelados, se les exigía presentarse a la corte periódicamente. Por otro lado, empleó con creciente frecuencia las llamadas capitulares o instrucciones escritas que abarcaban leyes, normas tanto del ámbito religioso como político.


Carlomagno y el Renacimiento Carolingio


Carlomagno fue consciente de la incultura de su corte y reinante en casi toda la sociedad del momento por lo que quiso recuperar la cultura para poder administrar mejor sus amplios dominios.

El rey ya había atraído, antes del año 780, a varios sabios italianos a su corte.

El año 782 se les unió el inglés Alcuino, cuya estancia en York le había inculcado un excelente conocimiento de la liturgia, de la patrística y de algunos autores paganos, como Virgilio. Alcuino ejerció de maestro de Carlomagno inculcándole amor por la el mundo de las ideas y las artes e influyendo en su manera de hacer política.

Estos últimos años de la vida de Carlomagno coinciden con el auge de las artes que él impulsa. Se escriben e iluminan códices, se realizan bellas obras de eboraria y orfebrería, se construyen escuelas y bibliotecas y se acometen ambiciosas obras de arquitectura. Todo ello con el denominador común de un acusado semiclasicismo que añora la grandeza del viejo Imperio Romano.

Entre sus principales impulsos culturales hay que citar la creación de la Escuela Palatina de Aquisgrán.

Estamos ante lo que se ha venido en llamar un auténtico renacimiento, el "Renacimiento Carolingio".


Carlomagno, emperador

Las posesiones territoriales del Imperio carolingio alcanzaron una enorme extensión. Muchos de sus cortesanos comenzaron a lanzar la idea de que la preponderancia de carlomagno sobre otros monarcas contemporáneos exigía un título comparable al emperador de Constantinopla, que además se había desviado de la ortodoxia cristiana.

No será hasta la llamada en su defensa del papa León III, atacado por los romanos, cuando los acontecimientos se precipitan. El rey franco atraviesa los Alpes para defender al sucesor de Pedro en la ciudad eterna, hecho que provoca la coronación como emperador en las Navidades del año 800.


Tras su muerte

Pero el intento de reverdecer el viejo Imperio Romano de Occidente no duró mucho pues sus descendientes no tenían el carácter y genio de Carlomagno con lo que el imperio paso graves crisis hasta su fragmentación y recuperación por parte de Otón I El Grande.



Fuente: Arteguias.com

domingo, 7 de agosto de 2016

Carl Gustav Jung y Rene Guenon

 

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La Psicología Arquetípica de Jung tiene como objeto fundamental que el yo-ego de la conciencia humana deje de ser el foco rector de su vida y de paso en su lugar al Sí-Mismo, su Centro más profundo, siendo éste de carácter psicoideo (más allá de lo meramente "psíquico" en ascensión por el Eje "hacia arriba") y lo más "alto" que puede experimentarse y constatarse desde el plano psíquico, en su "punto lïmite". Más allá, empíricamente, la "ciencia de Jung" no puede hablar en términos científicos porque es el ámbito de la metafísica. Este Sí-Mismo lo ha calificado Jung, entre otros términos, como "Dios en nosotros". El retorno al Centro de la esencia humana es el objetivo de Jung, como en Guénon, solo que éste añade el concepto de los estados múltiples del ser y el "salto" a estados suprahumanos ascendiendo por el "Eje" (lo que entra ya en el ámbito metafísico claramente).

Para Jung la espiritualidad es un don de dios que dota de pleno sentido a la vida del individuo que la porta.


Si bien al inicio de su carrera profesional Jung se centró en el inconsciente personal (que no es el "subconsciente" freudiano puesto que incluye "gérmenes" positivos para el desarrollo armónico del alma), la práctica totalidad de su investigación se centra en las "zonas altas de lo inconsciente", ese supraconsciente que el denominó "inconsciente colectivo" cuya naturaleza exacta es imposible de dilucidar bajo parámetros científicos y fenomenológicos, pero que, desde luego no son "psíquicos" sino extra-psíquicos o "suprapsíquicos", y que denominó "psicoideo".

En este sentido, el "medio" más idóneo para "comprender" -en la medida en que es posible al alma humana- el "mensaje espiritual" proveniente del ámbito psicoideo es el Símbolo arquetípico que, por ejemplo, se manifiesta en cierto tipo de sueños, que él llamó "sueños grandes" o "sueños arquetípicos". El símbolo "espiritualiza" al ser humano cuando éste lo asimila en lo que puede empleando para ello la totalidad de sus facultades.
El alma (o psique) es la intermediaria entre el cuerpo y el espíritu, entre lo somático y lo psicoideo (y lo que hay más allá), y sólo a través del alma el ser humano puede acceder al ámbito del espíritu. Por eso el ámbito de actuación de la hermenéutica junguiana es el alma, de la cual dijo que era "religiosa por naturaleza".

Jung se propuso, a través de sus métodos, proporcionar a los hombres la técnica y el conocimiento necesario para poder eliminar ciertas ilusiones o proyecciones, para lo cual es preciso adentrarse en el camino del "conócete a tí mismo" de Sócrates.
La hermenéutica junguiana es una nueva afloración del hermetismo, tradición occidental por excelencia, sólo que con una terminología nueva. Jung es un alquimista moderno que ha adaptado la tradición hermética al "medio ambiente" moderno. Jung rechazó hablar sobre la metafísica de la religión, aunque sí se centró en la "imaginería" religiosa, es decir, en las "formas" adoptadas por lo sagrado, lo numinoso, lo psicoideo; formas que adoptan formulaciones, expresiones e iconografía humana al contactar con el alma y, luego, con el ego-yo de la conciencia-consciencia.
Mientras Guénon optó fundamentalmente por el gnosticismo, Jung lo hizo por la metafísica; mientras Guénon se centró en el espíritu, Jung lo hizo sobre el alma; mientras Guénon incidía en el Yan (lo Masculino), Jung lo hacía sobre el Yin (lo Femenino); mientras Guénon centra su discurso sobre el Purusha, Jung lo hace sobre Prakriti; mientras Guénon mira a Oriente, Jung se queda en Occidente...

Los postulados de Jung eran cercanos al cristianismo, mientras que Guenón profesaba un sincretismo masónico de cáliz conservador que terminó conduciéndole al Islam.

Mientras Guénon siguió primordialmente la "Vía Seca" o de la Mano Derecha que bebía de la gnosis masónica, Jung se decantó por la "Vía Húmeda" o de la Mano Izquierda que es la de las imágenes y la del empirismo.
René Guénon – Discours contre les discours | La Tradition
Guénon creía que toda religión auténtica nace de una Tradición Primordial metafísica,
 y que las formas religiosas (cristianismo, islam, hinduismo) son solo envoltorios externos.

Mientras Guénon le gustaba lo "abstracto" (el Mundo de las Ideas), Jung se detenía en lo "concreto" (lo empírico, lo vivenciado día a día por su alma-psique).

Mientras Guénon creía en una cadena iniciática regular cuyo punto de origen se encuentra en el Centro Supremo guardián de la Palabra (de la Tradición Primordial que es "extrahumana" pues su fuente es el Verbo), Jung creía en el Inconsciente Colectivo, "depósito" espiritual de la Humanidad cuyo origen primero es Dios, y al que cada ser humano puede "acceder" sin necesidad de iniciación regular ninguna pues la "influencia espiritual", a modo de "gracia divina", se encuentra ya implícita en los arquetipos psicoideos de ese Inconsciente Colectivo Psicoideo.

Mientras Guénon insistió en la regularidad iniciática y la "influencia espiritual" proporcionada ritualmente en el seno de una organización iniciática, como la masonería, Jung afirma que el verdadero "iniciador" es el "gurú" interior, el Sí-Mismo, teniendo como intermediario al alma y no a un ser humano concreto, de ahí que en su obra no exista rasgo alguno de pertenencia a una organización iniciática.
Mientras que en Guénon imperó el pensar y el intuir, en Jung lo hizo la intuición y el sentimiento, lo cual es lógico debido a la preponderancia que dió en su hermeneútica y camino al alma, y por tanto el Amor y la Compasión fueron dos referentes constantes en la vida y obra de Jung, lo cual se hecha a faltar en Guénon, cuya "frialdad" intelectual es todos conocida y destacada (dudo mucho, por ejemplo, que diera un beso a alguno de sus hijos alguna vez, o si lo hizo, seguro que se pueden contar con los dedos de las dos manos). Y termino con un  par de frases de San Pablo.

 Refiriéndose a Cristo dijo, en Efesios IV, 9: "Mas ¿por qué se dice que subió a los cielos, sino porque antes había descendido a los lugares más ínfimos de la tierra?.

"Llamado o no llamado, Dios está presente": máxima que Jung talló en el dintel de la entrada de su casa y que se encuentra en su estela funeraria.


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