En ciertos círculos esotéricos occidentales que siguen las enseñanzas de Julius Evola, se ha difundido la idea de una Tradición única y primordial indoeuropea, supuestamente preservada en la India y velada bajo símbolos que solo los “iniciados” comprenderían. Según esta visión, todas las religiones antiguas serían restos fragmentados de un monismo absoluto —todos formamos parte de Dios, de su misma esencia, no somos creación, somos emanación—, de una espiritualidad interior que hundiría sus raíces en el hinduismo. El problema es que esta imagen no coincide con la historia real ni con la estructura auténtica de las religiones indoeuropeas, que Evola en particular señala con más ahínco como la verdadera fuente de la "tradición primordial".
Si uno vuelve a los orígenes —a los himnos védicos más antiguos, a la Grecia arcaica, al mundo celta, romano o germánico— lo que aparece es un panorama completamente distinto al que nos pintan estos tradicionalistas: politeísmo claro, con dioses personales, jerarquías divinas, héroes, sacrificios y un fuerte sentido ritual y comunitario. Los indoeuropeos no creían en un Absoluto impersonal, ni en la “chispa divina” interior, ni en la fusión mística del hombre con un Todo superior. Ese universo gnóstico es ajeno por completo a la mentalidad indoeuropea original.
El propio hinduismo temprano lo confirma. El Rigveda —el
texto más antiguo de la India aria— está impregnado de este
politeísmo indoeuropeo: Indra, Agni o Varuna son dioses reales, no
manifestaciones de un Absoluto escondido. Ni Brahman, ni
samsara, ni moksha, ni los ciclos cósmicos aparecen en
esta etapa, así que olvidémonos también del Kali Yuga. Todo eso
surge muchísimo más tarde, con las Upanishads y la
especulación vedántica, mil años después de la llegada de los
indoarios. El Bhagavad Gita, tan citado por los esoteristas,
pertenece ya a esa fase híbrida y filosófica, donde conviven restos
del antiguo politeísmo indoeuropeo con la nueva tendencia hacia un
monismo absoluto.
Para justificar esta profunda transformación filosófica ante la
autoridad milenaria de los Vedas, los sabios de las Upanishads y los
posteriores sistematizadores del Vedanta emplearon el término
Vedanta ("la culminación del Veda"). Postularon, de
forma totalmente subjetiva y sin base histórica o textual
explícita en el Védico temprano, que el complejo ritualismo
védico (Karma-Kāṇḍa) no era la verdad
última, sino meramente la etapa preliminar y exotérica para
purificar la mente. Este "ritualismo primitivo" estaba
destinado, según sus propias elucubraciones personales, a dar
paso al conocimiento (Jñāna-Kāṇḍa)
contenido en los Upanishads, el cual era la esencia esotérica y
superior, accesible solo a aquellos aptos para la introspección.
Mediante este argumento de la superación jerárquica,
lograron elevar su nueva filosofía monista y gnóstica, relegando la
religión politeísta de los ancestros indoarios a un escalón
inferior y funcional, sin más consistencia que la autoridad
auto-atribuida de sus razonamientos.
Además, esta nueva corriente, fue influenciada por los Sramanas, que de forma simultánea se torcieron del camino védico y desarrollaron una gnosis y el concepto del absoluto-impersonal monista, predispuestos precisamente por creencias de pueblos indígenas, como el davidríco, característico por su tez oscura. De estos pueblos adaptaron además el yoga y la meditación, tan de moda hoy en Occidente. El auge de los Sramanas probablemente aceleró la necesidad de los sabios Brahmanes de integrar el concepto de Karma y reencarnación y de expandir sus propias filosofías gnósticas.
Evola conocía perfectamente esta diferencia entre lo védico y el Vedanta, pero la sorteó como quien pasa la fregona por encima de un charco. Compró sin crítica el argumento arbitrario del Vedanta, que carecía de base histórica en los himnos védicos originales. Desecharon el hinduismo védico, que no encajaba en su esquema, bajo la excusa de que era “exotérico e inferior” —politeísmo ritual, los dioses personales— y elevaron como “esencia primordial” lo que sí encajaba: el Vedanta tardío y la metafísica monista, basados en la elucubración subjetiva. De manera análoga a los sabios de los Upanishads, Evola y otros tradicionalistas esotéricos cosieron piezas que pertenecen a épocas distintas y las presentaron como si fueran una religión eterna, un único mensaje oculto desde la noche de los tiempos. No estaba describiendo la Tradición, sino proyectando sus propias aspiraciones gnósticas, recuperando aquello que más le convenía para la autodivinización.
Es necesario recalcar que la diferenciación que hacen los tradicionalistas esotéricos, los masones y demás partidarios de la gnosis, entre lo esotérico y lo exotérico, más allá de interpretar supuestos mensajes ocultos, se basa en juzgar lo que es esotérico y lo que es exotérico basándose en su opinión personal, a la que llegan por mera introspección; por lo tanto, no tienen un criterio objetivo, sino que caen en el puro subjetivismo, como los protestantes cuando interpretan la Biblia a su antojo. ¿O acaso los escritos de Santo Tomás de Aquino o San Agustín, no son como mínimo, igual de profundos que los de la Cábala en cuanto a que ambos tratan en detalle sobre Dios y sobre lo divino? Pues para los tradicionalistas esotéricos, igual que para los masones, tanto Santo Tomás de Aquino como San Agustín eran exotéricos, en cambio, la Cábala, que es puro humo, muy inferior teológicamente a los escritos de los intelectuales católicos, es para ellos conocimiento esotérico y sublime. Así las cosas, en el fondo, catalogan lo que les atrae y les conviene de esotérico —todo lo que es monista y gnóstico—, y lo que no, de exotérico.
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| Julius Evola |
Curiosamente, esta misma estrategia de jerarquización y reinterpretación conduce a una incongruencia patente en el pensamiento de Julius Evola. Aunque el pensador italiano valoró el Vedānta por su metafísica monista (el Brahman, la Gnosis, el Samsara), elementos que abrazaba como la esencia de la verdad eterna, al mismo tiempo criticó la supuesta "decadencia" y "pasividad" del Hinduismo posterior. Para Evola, la supremacía de la casta Sacerdotal (Brāhmaṇa) sobre la Guerrera (Kshatriya) en la India post-védica representó una desviación del espíritu Ario-Solar original y heroico, olvidando o minimizando que el propio desarrollo de la especulación vedántica (Upaniṣads) fue impulsado significativamente por la casta Kshatriya y sus reyes.
Esta postura le permitía al filósofo italiano adoptar selectivamente la doctrina universalista y gnóstica (el Brahman impersonal) que justificaba su ideal de "Individuo Absoluto", mientras desechaba la implementación social y ritual (el Brahmanismo) que no encajaba con su ética viril y heroica. Evola utilizó la historia de las castas como un mecanismo polémico para apropiarse de la metafísica monista y gnóstica que deseaba, al tiempo que rechazaba el marco cultural que la había preservado, exponiendo una subjetividad motivada más por la aspiración ideológica que por la fidelidad histórica.
Esta actitud de escoger doctrinas descontextualizadas para construir una síntesis personalizada, ignorando el marco tradicional original, es precisamente la misma práctica que critica de la "Nueva Era" (New Age), demostrando que la soberbia intelectual que censuraba en otros, era una herramienta activa en su propio método.
La verdad es mucho más sencilla y congruente: las religiones indoeuropeas —desde los Vedas antiguos hasta los mitos celtas, pasando por griegos, romanos y germanos— nacen de un tronco común que nada tiene que ver con el monismo esotérico. Son religiones de dioses personales, de héroes, de honor, de sacrificio y de comunidad; religiones concretas, no nebulosas metafísicas. El “absoluto impersonal” que veneran los tradicionalistas esotéricos es una construcción tardía e india, no el origen del mundo espiritual europeo. No les interesaban los dioses personales, ya que con ellos, su gnosis desaparecía, por eso Evola y otros escritores de la “sabiduría perenne” apasionados por todo lo indoeuropeo, necesitaban agarrarse al hinduísmo vedanta y a su dios absoluto: Brahman, ya que así, ellos y cualquier iniciado sería parte de Dios mismo, de su misma esencia, y mediante la gnosis pretendían elevarse hacia lo más alto mediante introspección subjetiva, con su propia voluntad, como “dioses”.
En definitiva, la soberbia espiritual les hizo emprender ese camino, querían sentirse superiores al resto de mortales, y la gnosis hindú, muy similar a la neoplatónica, les ofrecía ese privilegio.
Y así se derrumba la fantasía de una “religión primordial indoeuropea” única y gnóstica. Lo que existió de verdad como religión primordial fue un politeísmo vigoroso, ritual y heroico, muy similar al de los celtas y otros pueblos europeos, del cual el vedismo antiguo es solo una rama más. Evola admiraba el espíritu guerrero de esta etapa védica, pero para ser mínimamente congruente, tendría que haber desechado los conceptos monistas del Vedānta (Brahman, samsara, moksha). Sin embargo, hacer eso lo habría obligado a abandonar el paraguas de la "filosofía perenne" y a prescindir de esa gnosis divinizante a la cual tenía tanto apego.
Curiosamente, el dominio político y social de los indoeuropeos sobre la India, finalizó tan solo dos siglos más tarde, tras los cambios drásticos que sufrió el hinduismo (Siglo IV a.c.) con el establecimiento del Imperio Maurya. El emperador más conocido de esta dinastía fue Ashoka, y como dato curioso, provenía de una familia de shudras, una casta baja dedicada a trabajos duros y de servicio.
Así las cosas, la situación es clara: el hinduísmo védico, de
origen indoeuropeo, no tenía nada que ver con el hinduísmo que
surgió más tarde, corrompido por esa ambición inherente al hombre
caído —por el pecado original— que quiso buscar ser como
Dios mediante la gnosis y la autodivinización propia del monismo.
Glosario:
Esotérico: Conocimiento oculto y secreto, solo al alcance de una élite de iniciados.
Exotérico: Religión o creencias supuestamente simplificadas para el pueblo llano.
Brahman: Dios absoluto según el hinduísmo vedanta, todos somos una pequeña parte de Brahman.
Monismo: El monismo sostiene que toda la realidad se reduce a una única sustancia o principio fundamental.
Samsara: Ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento (transmigración). Es la rueda donde el alma sigue girando mientras no alcanza la liberación (moksha).
Hinduismo Védico: Hinduísmo original, de origen indoeuropeo. Se basaba en los Vedas.
Hinduismo Vedanta: Hinduísmo desarrollado a partir de los Upanishads (siglo V a.C.). Muy diferente al védico, era monista absoluto (similar al panteísmo), fue influenciado por creencias davídricas y otros pueblos indígenas, y se basaba en la gnosis (jñāna).
Gnosis: Camino de autoconocimiento en el que pretendidamente se
reconoce la esencia divina del ser humano para elevarse hacia el dios
absoluto y fusionarse con él —Brahman, EinSof en la cábala judía—.
Iniciado: Es quien accede a conocimiento esotérico, reservado y oculto, normalmente dentro de un grupo de corte gnóstico.


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