lunes, 21 de noviembre de 2016

¡Santiago y cierra, España!

"¡Santiago y cierra, España" no significa los que el viejo mester de progresía ha hecho creer a generaciones enteras de españoles, empezando por el pobre Sancho Panza  que, en el Quijote, muestra su pasmo sobre el significado de la frase perguntándose si " por ventura es que España está abierta y es menester cerrarla". Sancho Panza, como millones de españoles, antes y después de él, ignoraba el valor y la función de ese signo de puntuación que es la coma, en la misma medida que Felipe González y sus genios propagandísticos cuando redactaron el famoso lema del Referéndum OTAN. ¡Ay, las comas! que mal colocadas, ninguneadas o soslayadas te cambian el sentido de una frase y de la voluntad del que la expresa. De ahí que los notarios abominen de los testamentos ológrafos.

Resultado de imagen de navas de tolosa

"¡Santiago y cierra, España!" no es, pues, de ninguna manera, ese grito endogámico de la España tenebrista, cerrada sobre sí misma, enemiga de la libertad y del progreso que todos los que se han permitido el lujo cultural de escupir sobre nuestra propia Historia han proyectado y fomentado con mucho éxito, por cierto. Desde el más tonto al más listo; como por ejemplo, Ramón María del Valle-Inclán, quien en su obra "Luces de Bohemia", pone en labios del modernista Dorio de Gádex "Santiago y abre España, a la libertad y al progreso". Aún sin quererlo, acierta Valle-Inclán. Claro que el acierto azaroso, surgido de la voluntad expresa de querer decir todo lo contrario, es la peor forma de acertar porque, efectivamente, "¡Santiago y cierra, España" nace de la firme voluntad de los españoles de conquistar su libertad y, a partir de ella, el progreso que convirtió a España en la primera potencia mundial durante siglos y en todos los órdenes, no solo el militar, también el cultural, científico y artístico.
La voz "¡Santiago y cierra, España!" nace en la Reconquista, concretamente en la batalla de las Navas de Tolosa. Descompongamos la frase: Santiago, invocación al Apóstol, patrón de España, del que hoy ni el Rey de la tierra que él evangelizó se acuerda. Está tan liado, el pobre, que hasta con la Historia de su Patria se ha hecho un lío. Cierra, voz castrense mediante la cual se ordenaba cerrar el cuadro de las formaciones de infantería y de las brigadas de caballería buscando acometer al enemigo, acortar distancias con él y trabar combate. Nada que ver, por lo tanto, con la interpretación, incluso valleincalnesca, de cerrar, en el sentido de clausurar, España a la libertad y el progreso. Después viene la coma, signo de puntuación de pausa que separa el término cerrar del nombre de España. Por lo tanto, para todo aquel que sepa leer no se quiere decir, de ninguna manera, cerrar España como quien cierra una puerta para que nada ni nadie entren, dejando aislados a los que están al otro lado. No. Finalmente y después de la coma, España como invocación a la Patria por la que se va a luchar, a morir y a vencer, siempre con la intercesión de Santiago, en el inminente combate.
Gracias a la invocación "¡Santiago y cierra, España", nacida en la Reconquista y utilizada también por los Ejércitos Imperiales españoles, España se abre al mundo, conquista el mundo y el mundo acaba hablando español porque los Tercios Viejos cerraron sus cuadros sobre la geografía universal. Si España se hubiera cerrado, como sostienen los juglares del viejo mester de progresía, hoy más de medio mundo no sabría qué significan libertad y progreso.    

Fuente: La gaceta

miércoles, 26 de octubre de 2016

Carlomagno, Emperador Franco y de la Cristiandad.

Introducción

Carlomagno, rey de los francos fue el fundador del Imperio Carolingio que más tarde se convirtió en el Sacro Imperio Romano Germánico.




Carlomagno fue hijo bastardo de Pepino el breve y nieto de Carlos Martel. Nació en el año 742 y murió en el año 814, a los 72 años de edad lo que era una extraordinaria longevidad para la época.

Antecedentes: el contexto histórico anterior a la época de Carlomagno

Carlomagno está asociado históricamente al resurgir -tras los primeros siglos oscuros europeos posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente- de una organización política y religiosa capaz de alcanzar el llamado "Renacimiento Carolingio"
Pero ya antes de Carlomagno empezó a haber un caldo de cultivo propicio para este fenómeno.
Ya en la primera mitad del siglo VIII, el Reino Franco se encontraba en el proyecto de una reconstrucción cultural, religiosa y militar.
Este movimiento tiene dos influencias distintas. Por un lado era consecuencia de la entrada de libros procedentes de las islas británica. Por otro, desde Roma se emprende la vital tarea de transmitir las enseñanzas clásicas y de mejorar los textos de los libros esenciales para toda comunidad cristiana.
Es por ello que las formas litúrgicas seguidas en el reino de los francos se veían cada vez más influidas por las prácticas recomendadas por el papado romano.


Biografía de Carlomagno

Carlos (luego llamado Carlomagno), hijo de Pipino el Breve, heredó tras la muerte de su padre en 768 un amplio territorio. La otra parte correspondió a su hermano Carlomán.
Sin embargo, la pronta muerte de Carlomán en el año 771 hizo posible la reunificación pacífica del reino bajo la soberanía de Carlos.

Los primeros años de su gobierno estuvieron dedicados a la guerra, acometiendo expediciones conquistadoras sobre lombardos a petición del Papa de Roma Adriano I, que se veía amenazado por éstos.
También penetró en la Península Ibérica, siendo vencido en la famosa batalla de Roncesvalles por los vascones, que luego generaría el famoso cantar de gesta sobre Roland (o Roldán)
Posiblemente sus guerras más encarnizadas las mantuvo con los sajones de la Península Danesa, pueblo guerrero de gran espíritu de independencia y no cristianizado, que ofrecieron heroica resistencia.






Tras numerosas campañas, en el año 785 los sajones decidieron someterse a Carlomagno, aceptando el bautismo.

La administración y el gobierno
Cuando Carlomagno y su corte no se encontraban en campaña permanecían un cierto tiempo en distintos lugares sin residencia fija, hasta que a finales de siglo VIII se erigió el gran palacio de Aquisgrán. Durante la última parte del reinado, la corte franca residió normalmente en Aquisgrán.

Como todo gobernante medieval que debía administrar grandes territorios, el principal reto de Carlomagno fue establecer un sistema de control de sus dispersas tierras mediante la delegación en una serie de nobles (condes y prelados).
Para mantener un permanente control de estos prelados, se les exigía presentarse a la corte periódicamente. Por otro lado, empleó con creciente frecuencia las llamadas capitulares o instrucciones escritas que abarcaban leyes, normas tanto del ámbito religioso como político.


Carlomagno y el Renacimiento Carolingio


Carlomagno fue consciente de la incultura de su corte y reinante en casi toda la sociedad del momento por lo que quiso recuperar la cultura para poder administrar mejor sus amplios dominios.

El rey ya había atraído, antes del año 780, a varios sabios italianos a su corte.

El año 782 se les unió el inglés Alcuino, cuya estancia en York le había inculcado un excelente conocimiento de la liturgia, de la patrística y de algunos autores paganos, como Virgilio. Alcuino ejerció de maestro de Carlomagno inculcándole amor por la el mundo de las ideas y las artes e influyendo en su manera de hacer política.

Estos últimos años de la vida de Carlomagno coinciden con el auge de las artes que él impulsa. Se escriben e iluminan códices, se realizan bellas obras de eboraria y orfebrería, se construyen escuelas y bibliotecas y se acometen ambiciosas obras de arquitectura. Todo ello con el denominador común de un acusado semiclasicismo que añora la grandeza del viejo Imperio Romano.

Entre sus principales impulsos culturales hay que citar la creación de la Escuela Palatina de Aquisgrán.

Estamos ante lo que se ha venido en llamar un auténtico renacimiento, el "Renacimiento Carolingio".


Carlomagno, emperador

Las posesiones territoriales del Imperio carolingio alcanzaron una enorme extensión. Muchos de sus cortesanos comenzaron a lanzar la idea de que la preponderancia de carlomagno sobre otros monarcas contemporáneos exigía un título comparable al emperador de Constantinopla, que además se había desviado de la ortodoxia cristiana.

No será hasta la llamada en su defensa del papa León III, atacado por los romanos, cuando los acontecimientos se precipitan. El rey franco atraviesa los Alpes para defender al sucesor de Pedro en la ciudad eterna, hecho que provoca la coronación como emperador en las Navidades del año 800.


Tras su muerte

Pero el intento de reverdecer el viejo Imperio Romano de Occidente no duró mucho pues sus descendientes no tenían el carácter y genio de Carlomagno con lo que el imperio paso graves crisis hasta su fragmentación y recuperación por parte de Otón I El Grande.



Fuente: Arteguias.com

domingo, 7 de agosto de 2016

Carl Gustav Jung y Rene Guenon

 

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhNAij5nAZFYOuHGsfZpQywNk_9kG9Spvb4XqoZs7jQmUhAouobaIlC2POBwbk1Np1X6awK6TUzOV5Da3LwutnFh47F8ctp8sMawErVLz3wSdCuOjT3yWCRc97FBbDPlc2VKe_pjjfLtEIj/s1600/espiritismojung4.jpg


La Psicología Arquetípica de Jung tiene como objeto fundamental que el yo-ego de la conciencia humana deje de ser el foco rector de su vida y de paso en su lugar al Sí-Mismo, su Centro más profundo, siendo éste de carácter psicoideo (más allá de lo meramente "psíquico" en ascensión por el Eje "hacia arriba") y lo más "alto" que puede experimentarse y constatarse desde el plano psíquico, en su "punto lïmite". Más allá, empíricamente, la "ciencia de Jung" no puede hablar en términos científicos porque es el ámbito de la metafísica. Este Sí-Mismo lo ha calificado Jung, entre otros términos, como "Dios en nosotros". El retorno al Centro de la esencia humana es el objetivo de Jung, como en Guénon, solo que éste añade el concepto de los estados múltiples del ser y el "salto" a estados suprahumanos ascendiendo por el "Eje" (lo que entra ya en el ámbito metafísico claramente).

Para Jung la espiritualidad es un don de dios que dota de pleno sentido a la vida del individuo que la porta.


Si bien al inicio de su carrera profesional Jung se centró en el inconsciente personal (que no es el "subconsciente" freudiano puesto que incluye "gérmenes" positivos para el desarrollo armónico del alma), la práctica totalidad de su investigación se centra en las "zonas altas de lo inconsciente", ese supraconsciente que el denominó "inconsciente colectivo" cuya naturaleza exacta es imposible de dilucidar bajo parámetros científicos y fenomenológicos, pero que, desde luego no son "psíquicos" sino extra-psíquicos o "suprapsíquicos", y que denominó "psicoideo".

En este sentido, el "medio" más idóneo para "comprender" -en la medida en que es posible al alma humana- el "mensaje espiritual" proveniente del ámbito psicoideo es el Símbolo arquetípico que, por ejemplo, se manifiesta en cierto tipo de sueños, que él llamó "sueños grandes" o "sueños arquetípicos". El símbolo "espiritualiza" al ser humano cuando éste lo asimila en lo que puede empleando para ello la totalidad de sus facultades.
El alma (o psique) es la intermediaria entre el cuerpo y el espíritu, entre lo somático y lo psicoideo (y lo que hay más allá), y sólo a través del alma el ser humano puede acceder al ámbito del espíritu. Por eso el ámbito de actuación de la hermenéutica junguiana es el alma, de la cual dijo que era "religiosa por naturaleza".

Jung se propuso, a través de sus métodos, proporcionar a los hombres la técnica y el conocimiento necesario para poder eliminar ciertas ilusiones o proyecciones, para lo cual es preciso adentrarse en el camino del "conócete a tí mismo" de Sócrates.
La hermenéutica junguiana es una nueva afloración del hermetismo, tradición occidental por excelencia, sólo que con una terminología nueva. Jung es un alquimista moderno que ha adaptado la tradición hermética al "medio ambiente" moderno. Jung rechazó hablar sobre la metafísica de la religión, aunque sí se centró en la "imaginería" religiosa, es decir, en las "formas" adoptadas por lo sagrado, lo numinoso, lo psicoideo; formas que adoptan formulaciones, expresiones e iconografía humana al contactar con el alma y, luego, con el ego-yo de la conciencia-consciencia.
Mientras Guénon optó fundamentalmente por el gnosticismo, Jung lo hizo por la metafísica; mientras Guénon se centró en el espíritu, Jung lo hizo sobre el alma; mientras Guénon incidía en el Yan (lo Masculino), Jung lo hacía sobre el Yin (lo Femenino); mientras Guénon centra su discurso sobre el Purusha, Jung lo hace sobre Prakriti; mientras Guénon mira a Oriente, Jung se queda en Occidente...

Los postulados de Jung eran cercanos al cristianismo, mientras que Guenón profesaba un sincretismo masónico de cáliz conservador que terminó conduciéndole al Islam.

Mientras Guénon siguió primordialmente la "Vía Seca" o de la Mano Derecha que bebía de la gnosis masónica, Jung se decantó por la "Vía Húmeda" o de la Mano Izquierda que es la de las imágenes y la del empirismo.
René Guénon – Discours contre les discours | La Tradition
Guénon creía que toda religión auténtica nace de una Tradición Primordial metafísica,
 y que las formas religiosas (cristianismo, islam, hinduismo) son solo envoltorios externos.

Mientras Guénon le gustaba lo "abstracto" (el Mundo de las Ideas), Jung se detenía en lo "concreto" (lo empírico, lo vivenciado día a día por su alma-psique).

Mientras Guénon creía en una cadena iniciática regular cuyo punto de origen se encuentra en el Centro Supremo guardián de la Palabra (de la Tradición Primordial que es "extrahumana" pues su fuente es el Verbo), Jung creía en el Inconsciente Colectivo, "depósito" espiritual de la Humanidad cuyo origen primero es Dios, y al que cada ser humano puede "acceder" sin necesidad de iniciación regular ninguna pues la "influencia espiritual", a modo de "gracia divina", se encuentra ya implícita en los arquetipos psicoideos de ese Inconsciente Colectivo Psicoideo.

Mientras Guénon insistió en la regularidad iniciática y la "influencia espiritual" proporcionada ritualmente en el seno de una organización iniciática, como la masonería, Jung afirma que el verdadero "iniciador" es el "gurú" interior, el Sí-Mismo, teniendo como intermediario al alma y no a un ser humano concreto, de ahí que en su obra no exista rasgo alguno de pertenencia a una organización iniciática.
Mientras que en Guénon imperó el pensar y el intuir, en Jung lo hizo la intuición y el sentimiento, lo cual es lógico debido a la preponderancia que dió en su hermeneútica y camino al alma, y por tanto el Amor y la Compasión fueron dos referentes constantes en la vida y obra de Jung, lo cual se hecha a faltar en Guénon, cuya "frialdad" intelectual es todos conocida y destacada (dudo mucho, por ejemplo, que diera un beso a alguno de sus hijos alguna vez, o si lo hizo, seguro que se pueden contar con los dedos de las dos manos). Y termino con un  par de frases de San Pablo.

 Refiriéndose a Cristo dijo, en Efesios IV, 9: "Mas ¿por qué se dice que subió a los cielos, sino porque antes había descendido a los lugares más ínfimos de la tierra?.

"Llamado o no llamado, Dios está presente": máxima que Jung talló en el dintel de la entrada de su casa y que se encuentra en su estela funeraria.


Artículos relacionados:

Rene Guenon y Julius Evola

sábado, 23 de julio de 2016

La carga de los tres reyes, Navas de Tolosa

Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino- debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.

Arturo Pérez Reverte

miércoles, 15 de junio de 2016

El Ejército Blanco Ruso (1918-1921)



El Movimiento Blanco se formó en la primavera de 1917 para combatir al nuevo gobierno bolchevique que había tomado el poder en Rusia.
En sentido estricto, no existía ningún Ejército Blanco; sin coordinación central, las fuerzas blancas fueron más bien una confederación de grupos contrarrevolucionarios nacionalistas, entre el cúal una gran mayoría había servido en el ejército del zar Nicolás II y buscaban el retorno de la monarquía en el Imperio Ruso. La mayoría de oficiales que conformaban el núcleo del ejército eran ex combatientes de la Primera Guerra Mundial de ideología nacionalista monárquica, pero otros grupos minoritarios apoyaban a otras tendencias políticas: demócratas, social-revolucionarios de derecha y otros opositores de la revolución comunista de Octubre.
Las tropas de base del ejército blanco incluían tanto a enemigos declarados de los bolcheviques (muchos cosacos, por ejemplo), defensores de la monarquía y campesinos. A veces, los aliados occidentales de la Triple Entente y fuerzas extranjeras formadas por voluntarios proporcionaron importante asistencia a las unidades del ejército, ya que el Ejército Blanco no podía contar con el apoyo logístico por parte del zar, debido que el mismo había sido asesinado por los bolcheviques en julio de 1918. 

 

La Guerra Civil Rusa entre blancos y rojos duraría hasta 1921, fué una lucha encarnizada entre una gran parte del pueblo ruso de fuertes convicciones nacionalistas y cristianas, contra los subversivos bolcheviques que eran en gran parte judíos y otras minorías que vivían en el Imperio Ruso. El Ejército Blanco fué comandado por el Almirante Kolchak en el este y por Wrangel en la parte occidental, en colaboración ocasional con las fuerzas intervencionistas extranjeras como los Franceses o los Japoneses, quienes aportaron al Movimiento Blanco: dinero, asesoramiento militar, trenes acorazados, y artillería pesada, además de recibir por ejemplo entre marzo y abril de 1918 un cuerpo expedicionario aliado para intervenir específicamente en la Siberia oriental. Por otra parte los bolcheviques recibían grandes sumas de dinero por parte de importantes banqueros americanos de origen judío.
 Los blancos aguantaron bastante tiempo en algunas zonas (especialmente en el este de Siberia, Ucrania y Crimea) bajo la dirección del General del Movimiento contrarrevolucionario de los Blancos, el Ataman Semiónov que sustituyó al Almirante Kolchak tras su muerte y por otro lado el barón Roman von Ungern-Sternberg. En la etapa tardía de la guerra, el Ejercito Blanco fracasó en la unidad o la cooperación efectiva entre sus cuerpos, mientras que el Ejército Rojo paulatinamente consiguió ventaja. 
 

La ideología del Movimiento Blanco estuvo en permanente desarrollo durante la guerra civil. Los generales Lavr Georgevich Kornilov y Anton Ivanovich Denikin sostuvieron ciertas formas de base ideológica pero ninguna era tan concreta o coherente como la del general Piotr Wrangel durante el llamado experimento de Crimea en 1920. Fue ahí donde Wrangel planteó brevemente el núcleo del ideal blanco, que hacía énfasis en la liberación de Rusia de los judeo-bolcheviques y otras fuerzas anárquicas, el establecimiento de un gobierno justo y honrado, la protección de los fieles de las persecuciones religiosas, los derechos del granjero a la propiedad de la tierra y la oportunidad de todos los rusos de elegir a un líder.
Tras el fin de la guerra civil, los conceptos de Wrangel fueron plasmados en una ideología concreta por pensadores rusos como Ivan Ilyin, basada principalmente en las ideas de los eslavófilos. 
Por otro lado Alexander Kolchak encabezaba el movimiento blanco en el corazón de Rusia y en su parte oriental durante 1919, proclamándose como gobernador supremo, con la ayuda del general Káppel consiguió durante las primeras fases de la guerra conquistar una gran parte de Rusia, venciendo a los bolcheviques en varias batallas. Con la traición de los checos fué capturado por los bolcheviques y ejecutado.





En agosto de 1922, dos meses después de su derrota, el ejército blanco del lejano Este del general Mijaíl Ditterix llegaría tan lejos como para pactar la Zemskiy Sobor de Preamursk y elegir (sin su participación) al Gran Duque Nicolai Nicolaievich Romanov zar de todas las Rusias.
Luego que fue vencida la Guardia Blanca, oficialmente mediante un decreto de 1921 de la Comisión Central Ejecutiva de Rusia y del Soviet de Comisarios del Pueblo, entre dos y tres millones de personas (entre los cuales se encontraban antiguos rusos blancos u opositores a la Revolución de Octubre) pasaron a ser proscritos, motivo por el cual hubo una fuerte emigración de rusos antisoviéticos, agrupándose en Berlín, París, Harbin y Shanghái, estableciendo redes culturales que durarían hasta los años 50. A partir de dicho momento, sus actividades encontrarían acogida en Estados Unidos. Muchos oficiales y ex soldados del Ejército Blanco lucharon durante la Segunda Guerra Mundial en el Ejército Alemán desde el principio, como por ejemplo Piotr Krasnov junto a sus soldados cosacos. Después de la Segunda Guerra Mundial la actividad blanca se concentraría posteriormente en círculos de exiliados.
El Movimiento Ruso Blanco fue la primera fuerza organizada que entró en lucha armada contra la Internacional Comunista que había tomado el poder. El teniente general monárquico E. K. Miller, que fue en 1919-1920 uno de los jefes del Movimiento Ruso Blanco, y que encabezó en el exilio la Unión Militar Rusa, declaró que la Cruzada contra el comunismo empezada en España era continuación de la Lucha Blanca y llamó a los nacionalistas rusos a que se enrolaran como voluntarios en el bando nacional durante la Guerra Civil Española. Unos ochenta miembros de la ROVS y unos nacionalistas en forma individual, lograron entrar en España, donde intergraron un destacamento ruso que formaba parte del Tercio Doña Maria de Molina. Los anticomunistas rusos lucharon también en las filas de la Legión Extranjera Española y otras unidades del Ejército Español. 
En la Rusia actual la memoria de los rusos blancos ha sido restablecida y se les reconoce como héroes de la Federación Rusa. 

Piotr Wrangel




Alexandr Kolchak

Image from www.nnm.ru



Vladimir Káppel

Imagen relacionada




 Piotr Krasnov




Ataman Semionov




Barón Ungern Von Sternberg