jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

Con el nacimiento de Cristo, Dios se hace hombre y entra en la historia para rescatar al hombre desde dentro. Al asumir nuestra carne, dignifica la naturaleza humana y la eleva. No viene solo a enseñar, sino a restaurar lo que estaba roto: la relación quebrada entre Dios y el hombre, herida por el pecado y la soberbia. El nacimiento de Cristo marca el inicio de la reconciliación entre Dios y el ser humano. 
La Navidad es la cercanía de Dios, la prueba de que no nos abandona y de que la salvación comienza con su presencia entre nosotros.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Olaf II el Santo

Olaf Haraldsson, conocido después como San Olaf, fue uno de los hombres que cambiaron la historia de Noruega. Nació alrededor del año 995, en una época en la que su país seguía siendo mayoritariamente pagano. Desde joven destacó como guerrero vikingo y navegante, participando en campañas por Inglaterra y el Báltico. Sin embargo, su destino no era el de un simple caudillo.

Durante su estancia en Normandía conoció el cristianismo y fue bautizado en Rouen. A partir de entonces decidió llevar esa nueva fe a su pueblo, que seguía siendo mayoritariamente pagano, aunque cada vez había más conversiones al cristianismo. Cuando regresó a Noruega, su objetivo fue unificar el país bajo la cruz. Levantó iglesias, trajo sacerdotes extranjeros y trató de sustituir los antiguos cultos por la fe católica. Era un hombre firme y convencido: veía el cristianismo no solo como una religión, sino como la base moral y política de un reino ordenado, armónico.

El 29 de julio es la fiesta de San Olaf II (993-1030 d.C.), rey y santo  patrón de Noruega: De origen vikingo, se convirtió al cristianismo  alrededor de los 20 años. Terminó


Esa firmeza le ganó enemigos entre los jefes locales, que no aceptaban perder su poder absoluto. Finalmente, Olaf fue expulsado y tuvo que exiliarse en Rusia, en la corte del príncipe Yaroslav. Pero su deseo de volver a gobernar no desapareció. Creía que Dios le había encomendado la misión de restaurar el Reino cristiano en Noruega, y decidió regresar aunque sabía que probablemente moriría.

En el año 1030 reunió un pequeño ejército y marchó hacia el norte. En Stiklestad se enfrentó a un enemigo mucho mayor. Antes de la batalla, se cuenta que rezó y se encomendó a Dios. Cuando cayó herido, sus últimas palabras fueron: “Dios, ayúdame”. Murió combatiendo por recuperar su trono y por mantener viva la fe que había llevado a su pueblo.

Tras su muerte, comenzaron a circular relatos de milagros. Muchos decían que su cuerpo se conservaba incorrupto y que su tumba desprendía un aroma agradable. En pocos años fue venerado como santo y canonizado por la Iglesia.

Olaf II no solo fue un rey que quiso volver al poder, sino un hombre que creyó en una misión más alta. Murió intentando cumplir su misión, fiel a su fe hasta el final. Su figura marcó el paso de Noruega del paganismo al cristianismo y se convirtió en símbolo de valor, de unidad y de fidelidad a Dios.

Referencias:

Saga de San Olaf incluida en la Heimskringla de Snorri Sturluson.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Humillaciones públicas contra mujeres francesas "colaboracionistas" en la Francia democrática, 1944-1945

París, 1944. Tras la retirada de las tropas alemanas, muchos franceses, la mayoría de tendencia izquierdista, se dedicaron a humillar públicamente a mujeres francesas que habían "colaborado" con los alemanes de alguna manera. La mayor parte de ellas simplemente trabajaron en negocios de los alemanes o en la administración, como traductoras, camareras o telefonistas. Otras incluso fueron acusadas únicamente por tener relaciones de amistad o de noviazgo con hombres alemanes. Este fenómeno se produjo en numerosas partes de Francia y fue conocido como la depuración salvaje.

En otros países se preguntaron porqué los franceses hicieron esto, y porque solo llevaron a cabo estas deleznables represalias contra mujeres, la razón es sencilla y demuestra lo cobardes que eran los instigadores: las mujeres "colaboracionistas" eran un blanco fácil. Los verdaderos colaboradores de alto nivel —hombres que sirvieron al III Reich— eran más peligrosos, estaban armados o habían huido. Así pues, la masa izquierdista prefirió atacar al objetivo más accesible, a mujeres sin protección.
 


viernes, 5 de diciembre de 2025

Pedro de Alvarado: el conquistador irreductible

Pedro de Alvarado es uno de esos personajes que, por más que intenten reinterpretarlo con filtros "morales" actuales, sigue imponiéndose per se. No necesita maquillaje épico, su vida ya lo fue. Fue uno de los capitanes más eficaces y resolutivos de la conquista, un tipo rápido, decidido y con un liderazgo que no pedía explicaciones. Y, para qué negarlo, alguien cuya presencia generaba respeto inmediato.

Nació en Badajoz, en una España que acababa de culminar la Reconquista y que vivía marcada por la guerra. Ese ambiente forjó a muchos hombres de acción, y Alvarado fue uno de los más destacados. En América no tardó en hacerse notar. No solo por su capacidad militar, sino porque era de los que transmitían seguridad. Cortés, que no era precisamente ingenuo, confiaba en él para las misiones que requerían velocidad, dureza y resultados.

Pedro de Alvarado, el terror de los mexicas
 
Durante la campaña de México, Alvarado no fue un ayudante secundario, fue un pilar clave. Mientras Cortés se movía políticamente o coordinaba estrategias, Alvarado ejecutaba. Y ejecutaba bien. Su apodo de “Tonatiuh”, el Sol, dado por los mexicas, refleja bien el impacto que producía tanto en aliados como enemigos. 

En la serie “Hernán”, de Prime Video, pese a ser bastante buena, trataron de pintarlo como un personaje temerario, casi un radical sin freno. Pero incluso así, la fuerza del personaje se impone. Alvarado sigue transmitiendo carisma en pantalla. Aunque intenten subrayar sus excesos, lo que realmente se ve es un hombre decidido, directo y con una energía que destaca por encima del resto.

El episodio de la Noche Triste suele usarse para criticarlo. Se pueden discutir decisiones, pero lo que no se puede negar es que mantuvo la sangre fría y que, después de aquello, siguió cumpliendo su papel sin hundirse ni buscar excusas.

A lo largo de su trayectoria, Alvarado compartió con Cortés no solo campañas, sino también las tensiones con la Corona y con los funcionarios enviados a vigilarlos. Ambos eran hombres de acción, y eso irritaba profundamente a esa casta de administradores grises —también los había en esa épocaque viven de poner trabas y de vigilar a los que demuestran ser audaces. No es casual que, en distintos momentos, los dos terminaran bajo investigaciones, detenciones temporales y maniobras políticas de esos gestores mediocres y de coraje escaso, empeñados en limitar a quienes les recordaban su propia insignificancia.

Más tarde, su conquista de Guatemala mostró otra vez lo mismo: determinación, rapidez y una voluntad férrea. No era un hombre para la política ni para los despachos. Su terreno era la acción. Y murió como vivió, en campaña, montando a caballo y moviéndose de un frente a otro.

Pedro de Alvarado fue un conquistador en el sentido más literal. Y por eso sigue llamando la atención hoy: porque representa una forma de estar en el mundo que ya casi no existe, y que por más que se intente reinterpretar, mantiene intacta su fuerza.