"Aunque el codicioso se enriquezca, continúa cuidando sus montones de oro, incluso si acumula tesoros que nunca pueden satisfacerlo. Aunque su adorno brille con perlas, las más raras que el océano pueda ofrecer, y aunque cien cabezas de ganado trabajen en sus vastos campos, nunca se liberará de la preocupación mientras tenga aliento en su cuerpo. Sin embargo, sus riquezas no lo acompañarán cuando cierre los ojos en la muerte."
La consolación de la filosofía, de Boecio.

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