lunes, 19 de enero de 2026

La insaciabilidad de la avaricia

"Aunque el codicioso se enriquezca, continúa cuidando sus montones de oro, incluso si acumula tesoros que nunca pueden satisfacerlo. Aunque su adorno brille con perlas, las más raras que el océano pueda ofrecer, y aunque cien cabezas de ganado trabajen en sus vastos campos, nunca se liberará de la preocupación mientras tenga aliento en su cuerpo. Sin embargo, sus riquezas no lo acompañarán cuando cierre los ojos en la muerte."

 
 
La consolación de la filosofía, de Boecio. 

viernes, 9 de enero de 2026

Hiperbórea: mito griego, fantasía moderna

Desde hace más de un siglo, ciertos círculos esotéricos han convertido el nombre de Hiperbórea en sinónimo de continente perdido, patria de razas superiores o centro espiritual del mundo. Sin embargo, nada de todo esto aparece en la Antigüedad. Lo que para algunos ocultistas modernos es una geografía sagrada, para los griegos fue simplemente un mito poético. En la tradición clásica, Hiperbórea jamás fue un continente real ni la cuna de ninguna humanidad primordial. Heródoto, Píndaro o Pausanias hablan de una tierra situada más allá del viento Bóreas, un lugar idealizado unido simbólicamente a Apolo y a la imagen de una vida larga y feliz. No hay civilizaciones desaparecidas, ni razas puras, ni centros iniciáticos. La Hiperbórea antigua es literatura simbólica, un eco de la Edad de Oro, no un mapa oculto de la prehistoria.

La mayor parte de ocultistas situaban Hiperbóreaen el Polo Norte, 
otros lo hacían en el interior de la Tierra.


La mutación moderna comienza a finales del siglo XVIII y principios del XIX
, cuando ciertos autores franceses y europeos empiezan a fantasear con lenguas primordiales y sabidurías perdidas. En este ambiente destaca Fabre d’Olivet, un personaje profundamente ligado al mundo masónico y paramasónico de su época. No fue un simple simpatizante: se movió en logias del rito escocés, conocía sus ritos, y frecuentó círculos martinistas, iluministas y herméticos que buscaban una tradición universal originaria. Su reconstrucción de una “lengua adánica”, su filología imaginaria y su obsesión por encontrar un saber primordial encajan perfectamente en el clima esotérico masónico de la Francia postrevolucionaria. D’Olivet no inventa el hiperboreanismo, pero sí prepara el terreno intelectual donde luego germinarán las fantasías de la Teosofía.

La responsable de convertir Hiperbórea en un continente perdido y en la patria de una raza espiritual es Helena Blavatsky. Su sistema de “razas-raíz” nace de una mezcla personalísima de hinduismo mal comprendido, gnosticismo popular, esoterismo masónico y pura imaginación. Aunque las logias masculinas no admitían mujeres, Blavatsky recibió reconocimientos honoríficos de la masonería de rito adonhiramita e incluso afirmó haber alcanzado un grado masónico irregular. El detalle no es menor: su obra teosófica respira el sincretismo masónico de su época, desde la idea de una tradición primordial hasta el simbolismo universalista que emplea en La Doctrina Secreta. Lo que hace Blavatsky es tomar el mito griego, vaciarlo y rellenarlo con un sistema cosmológico propio, presentándolo como verdad oculta.

En el amanecer del siglo XX, los círculos völkisch alemanes — Guido von List, Liebenfels y otros— toman la construcción de Blavatsky y la deforman aún más, añadiendo runas mágicas, racialismo ario y un delirio pseudohistórico sobre migraciones árticas y razas solares. Incluso autores posteriores como Guénon o Evola, pese a sus críticas a la Teosofía, no logran escapar del molde blavatskiano y reinterpretan su continente inventado como un “centro polar” metafísico igualmente sin base histórica.

El contraste es evidente. La Hiperbórea auténtica está en los textos griegos y es mito poético. La Hiperbórea moderna es una construcción esotérica reciente, nacida en ambientes masónicos y ocultistas del siglo XIX, sin raíces reales en ninguna tradición antigua.

jueves, 1 de enero de 2026

Despreciamos lo anodino

Elegimos la vida que arde, noble, firme y desafiante. Honramos la grandeza de quienes permanecen inquebrantables ante un mundo hedonista y corrupto.
Admiramos a aquellos que, lejos de inclinarse, protegen a su pueblo aunque este los desprecie, y a quienes defienden su tierra hasta el final, aun cuando ello les cueste la vida o la libertad. 
Preferimos el ardor a la tibieza: vivir con honor, con valentía, con espíritu indomable… como los que están llamados a ser recordados.

Despreciamos lo anodino y abrazamos lo heroico, lo trascendente… lo eterno.

Aquiles inspira a sus guerreros con la siguiente máxima: ¡Que nadie olvide lo amenazadores que somos, somos leones! ¿Sabes lo que te espera más allá de esa playa? ¡La inmortalidad! ¡Tómala! ¡Es tuya!".

jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad

Con el nacimiento de Cristo, Dios se hace hombre y entra en la historia para rescatar al hombre desde dentro. Al asumir nuestra carne, dignifica la naturaleza humana y la eleva. No viene solo a enseñar, sino a restaurar lo que estaba roto: la relación quebrada entre Dios y el hombre, herida por el pecado y la soberbia. El nacimiento de Cristo marca el inicio de la reconciliación entre Dios y el ser humano. 
La Navidad es la cercanía de Dios, la prueba de que no nos abandona y de que la salvación comienza con su presencia entre nosotros.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Olaf II el Santo

Olaf Haraldsson, conocido después como San Olaf, fue uno de los hombres que cambiaron la historia de Noruega. Nació alrededor del año 995, en una época en la que su país seguía siendo mayoritariamente pagano. Desde joven destacó como guerrero vikingo y navegante, participando en campañas por Inglaterra y el Báltico. Sin embargo, su destino no era el de un simple caudillo.

Durante su estancia en Normandía conoció el cristianismo y fue bautizado en Rouen. A partir de entonces decidió llevar esa nueva fe a su pueblo, que seguía siendo mayoritariamente pagano, aunque cada vez había más conversiones al cristianismo. Cuando regresó a Noruega, su objetivo fue unificar el país bajo la cruz. Levantó iglesias, trajo sacerdotes extranjeros y trató de sustituir los antiguos cultos por la fe católica. Era un hombre firme y convencido: veía el cristianismo no solo como una religión, sino como la base moral y política de un reino ordenado, armónico.

El 29 de julio es la fiesta de San Olaf II (993-1030 d.C.), rey y santo  patrón de Noruega: De origen vikingo, se convirtió al cristianismo  alrededor de los 20 años. Terminó


Esa firmeza le ganó enemigos entre los jefes locales, que no aceptaban perder su poder absoluto. Finalmente, Olaf fue expulsado y tuvo que exiliarse en Rusia, en la corte del príncipe Yaroslav. Pero su deseo de volver a gobernar no desapareció. Creía que Dios le había encomendado la misión de restaurar el Reino cristiano en Noruega, y decidió regresar aunque sabía que probablemente moriría.

En el año 1030 reunió un pequeño ejército y marchó hacia el norte. En Stiklestad se enfrentó a un enemigo mucho mayor. Antes de la batalla, se cuenta que rezó y se encomendó a Dios. Cuando cayó herido, sus últimas palabras fueron: “Dios, ayúdame”. Murió combatiendo por recuperar su trono y por mantener viva la fe que había llevado a su pueblo.

Tras su muerte, comenzaron a circular relatos de milagros. Muchos decían que su cuerpo se conservaba incorrupto y que su tumba desprendía un aroma agradable. En pocos años fue venerado como santo y canonizado por la Iglesia.

Olaf II no solo fue un rey que quiso volver al poder, sino un hombre que creyó en una misión más alta. Murió intentando cumplir su misión, fiel a su fe hasta el final. Su figura marcó el paso de Noruega del paganismo al cristianismo y se convirtió en símbolo de valor, de unidad y de fidelidad a Dios.

Referencias:

Saga de San Olaf incluida en la Heimskringla de Snorri Sturluson.