jueves, 24 de septiembre de 2020

El legado mortal de la banda terrorista ETA

El legado mortal de ETA: 858 asesinatos

ETA sembró el terror durante medio siglo en España. Una realidad cercana en el tiempo que va camino del olvido. Mostramos un relato de los números macabros de la organización terrorista

Foto: ETA no se ha ido del todo, pintada en el barrio del Gros de Donosti, mayo de 2018. (EFE)
ETA no se ha ido del todo, pintada en el barrio del Gros de Donosti, mayo de 2018. (EFE)

Se cumple medio siglo del primer asesinato de ETA. El 7 de junio de 1968 el guardia civil José Antonio Pardines, de 25 años, fue tiroteado hasta la muerte por los terroristas Txabi Echebarrieta e Iñaki Sarasketa tras solicitarles la documentación. Ocurrió en la localidad guipuzcoana de Villabona. Esta efeméride nos sirve para narrar con datos el macabro historial de la organización terrorista.

Esa muerte ocurrida hace 50 años es considerada por muchos historiadores como la primera causada por ETA. Sin embargo, otros expertos aseguran que la primera víctima mortal fue Begoña Urroz, quien tenía apenas 22 meses cuando una bomba incendiaria colocada en la estación de Amara, San Sebastián, la mató en junio de 1960. Era hija de un matrimonio residente en la cercana localidad de Lasarte. El propio Ministerio del interior hizo oficial este asesinato a finales de 2011.

Tras su legado letal de medio siglo, un regusto de amargura se quedó en el paladar de muchos ciudadanos y la mayoría de las víctimas aún vivas cuando la organización terrorista ETA anunció el  3 de mayo de 2018 su final. El comunicado de disolución de la organización terrorista fue leído por los históricos de ETA 'Josu Ternera', y Soledad Iparraguirre, 'Anboto', dos 'gudaris' que tienen las manos manchadas de sangre. El contenido estaba lleno de cinismo.

Su violencia terrorista provocó 30 víctimas mortales antes de la muerte de Francisco Franco, los otros 828 asesinatos fueron ejecutados tras el fallecimiento del dictador y la llegada de la democracia a España".

 

 
Tendrían que tirar de hemeroteca para observar cómo unos cuantos padres sacaron a sus hijos malheridos o muertos en brazos tras la explosión de un coche bomba. O cómo un periodista que regresaba de comprar la prensa era tiroteado hasta la muerte en el portal de su casa. José Luis López de Lacalle era su nombre. En aquellos terribles ochenta y noventa,  semana sí, semana no, los atentados abrían los telediarios.


El terrorista José María Sagardui Moja, 'Gatza', homenajeado en Amorebieta (Vizcaya) tras salir de la cárcel en 2011. (EFE)
El terrorista José María Sagardui Moja, 'Gatza', homenajeado en Amorebieta (Vizcaya) tras salir de la cárcel en 2011. (EFE)
 
Retratos de las víctimas de ETA.
Retratos de algunas de las víctimas de ETA.

 

Con el fin de que ni los que son ahora veinteañeros ni de otras edades echen la lápida a cinco décadas de terror se publicó en 2010 el libro 'Vidas rotas. La historia de los hombres, mujeres y niños víctimas de ETA', en el que se recogen los relatos de los atentados mortales y las semblanzas de los asesinados. Obra de dos grandes expertos en terrorismo, Rogelio Alonso y Florencio Domínguez, y Marcos García Rey, nos sirve de base para esbozar el acervo macabro de ETA mediante algunos gráficos y datos.

 

Su relación con otros independentismos

Carod-Rovira: "Ahora, me atrevo a exigiros que cuando queráis atentar contra España os situéis previamente en el mapa"

Corría el 29 de mayo de 1991 cuando varios etarras aprovecharon una rampa para poner un coche en punto muerto y lanzarlo al interior del patio del acuartelamiento de la Guardia Civil en Vic (Barcelona). Antes, los terroristas tuvieron tiempo de contemplar que había varios niños jugando al balón y a la comba. Cuando el coche bomba llegó al patio empujado por los etarras, Juan Carlos Monteagudo activó el artefacto explosivo con un mando a distancia. A los terroristas no pareció nunca conmoverles los ataúdes blancos. Ese atentado costó la vida a nueve personas, cinco de ellas niños. Una muchacha de dos años quedó huérfana al fallecer sus padres.

Dos días después, en el diario 'Avui' se publicó una carta del político Carod-Rovira (ERC) en la que recriminaba a ETA que atentara en lugares geográficos errados. Más cinismo. Esta es una traducción de un extracto de la misiva de Carod-Rovira: "Nada de lo que os voy a decir es nuevo para vosotros. Os lo dije ya hace medio año en un lugar de Euskadi cuando en nombre de mi partido os pedí formalmente que no actuaseis más en mi país [Cataluña]. Habéis respetado la solicitud durante seis meses. Ahora me atrevo a exigiros que cuando queráis atentar contra España os situéis previamente en el mapa".

Al igual que la organización terrorista no discriminó por edad, el sexo también le resultó indiferente para liquidar a sus adversarios. ETA asesinó a 799 hombres y 59 mujeres.

En lo que se refiere a la condición de las víctimas mortales, ETA asesinó a 496 miembros del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, mientras que segó la vida de 396 civiles. A la hora de matar, los etarras no dudaron en usar todo tipo de recursos. Asesinaron a 545 personas con disparos de metralleta, subfusil o pistola. Además, usaron una amplia gama de explosivos, desde granadas hasta coches bomba, pasando por cócteles 'molotov' o cartas bomba. En la década de los ochenta, se hicieron tan peritos en el uso del coche bomba que luego instruyeron a otros movimientos armados como a los guerrilleros de las FARC de Colombia.

 

La geografía de los atentados

ETA llevó la muerte a 24 provincias españolas. Guipúzcoa, con 319 asesinados, Vizcaya, con 212, y Madrid, con 123, fueron las más castigadas.

En cuanto a las comunidades autónomas donde causó víctimas mortales, 12 territorios se vieron afectados. Hasta 576 ciudadanos de Euskadi fueron asesinados, 123 en Madrid y 54 en Cataluña.

El entorno rural más ajeno a los lugares refugio de los etarras estuvo más a salvo de la actuación de ETA. Su camuflaje era más complicado en ese hábitat sin apoyos. Comunidades como Castilla-La Mancha o Extremadura no vivieron atentados mortales.

Sin embargo, según el origen de la víctima, todas las comunidades y las ciudades de Ceuta y Melilla tuvieron que enterrar a sus gentes asesinadas a manos de aquellos que hoy son homenajeados por los abertzales y partidos políticos representados en el Congreso de los Diputados y los parlamentos regionales de Euskadi y Navarra. Encabezan el listado de autonomías más afectadas Euskadi, con 179 muertos, Castilla y León con 139 y Andalucía con 121.

También ciudadanos nacidos en diez países extranjeros perecieron por las acciones de ETA. Personas originarias de Alemania, Argentina, Chile, Cuba, Dinamarca, Ecuador, Estados Unidos, Francia, Marruecos y Portugal.

 

Los adversarios políticos

Ahora que ETA apuesta por un "escenario democrático" en 'Euskal Herria' es más que nunca pertinente recordar cómo aterrorizó a los políticos opositores del nacionalismo vasco.

ETA nunca asesinó a ningún político de ideología nacionalista, ni del PNV ni de ninguno de los otros partidos independentistas

Hasta 59 políticos encontraron la muerte a manos de los terroristas, bien por pertenecer a un partido político, bien por haber estado relacionados con el franquismo (14). Políticos de izquierdas, de derechas y de centro fueron el objetivo de explosivos y las pistolas de ETA. Nunca nacionalistas vascos. Eliminados de la competencia política por vía de las armas fueron los populares Miguel Ángel Blanco o Gregorio Ordóñez, los socialistas Ernest Lluch o Fernando Múgica, Tomás Caballero de Unión del Pueblo Navarro, y así una larga lista de nombres, hasta 59.

La herida no se cierra aún para los familiares y amigos de los más de 350 asesinatos que quedan por resolver policial y judicialmente

 

Fuente: El Confidencial (artículo resumido)

 

lunes, 15 de junio de 2020

Constantino el Grande, el primer emperador cristiano de Roma.

Constantino I el Grande fue uno de los más destacados emperadores romanos, famoso por otorgarle legitimidad legal a la religión cristiana en el Imperio (lo legaliza y pone fin a la represión), por su reunificación y, por fundar una de las ciudad más maravillosas de la Antigüedad tardía, Constantinopla.

LA LENGUA LATINA – Rafael del Moral

Cayo Flavio Valerio Aurelio Claudio, mejor conocido como Constantino I, nació en Naissus en el año 272, hijo de Flavia Elena y Constancio Cloro, uno de los césares de la Primera Tetraquía. Su padre compartía el poder con dos augustos, Diocleciano y Maximiano, y otro césar, Galerio. El joven Constantino sirvió en la corte de Diocleciano, hasta que en el año 305 su padre obtuvo el título de augusto, pero al año siguiente, murió en la Britania romana. Constantino, que estuvo a su lado en su lecho de muerte, fue proclamado el nuevo augusto por el general y las tropas de Constancio Cloro.
Al mismo tiempo, en Roma se nombraba emperador al hijo de Maximiano, Majencio, que reclamaba el título de único Augusto. De esta forma comenzó un período de disputas políticas y luchas de poderes. En la batalla del Puente Milvio, en el 312, Constantino venció a Majencio y luego se alió a Licinio, quien venció a Maximino en 313. El imperio había quedado dividido en ellos: Licinio dominaba en Oriente y Constantino en Occidente, hasta que en 324 obtuvo la victoria definitiva y el poder absoluto del Imperio Romano.

Durante su gobierno, Constantino introdujo grandes cambios que afectaron la historia para siempre. Además de reformar leyes, cortes y ejércitos, trasladó la capitalidad del imperio a Bizancio (actual Estambul) y la rebautizó Constantinopla, la segunda Roma. Pero la mayor de sus obras fue la de permitir el libre culto a los cristianos, tan perseguidos en aquel entonces.

En el año 312, antes de una batalla, Constantino soñó que Cristo le pidió que grabara las iniciales de su nombre en los escudos de sus tropas y, al día siguiente, vio una cruz superpuesta en el sol y la leyenda «con esta señal serás vencerás».Inmediatamente, mandó a pintar esto en los escudos y a realizar el nuevo estandarte, y finalmente contra todo pronóstico, venció a Majencio. Como resultado, se convirtió al cristianismo. También cabe destacar que su madre Elena (Santa Elena), que era cristiana, tuvo una gran influencia en él

Al poco tiempo, Constantino entregó los viejos cuarteles de la guardia pretoriana de Majencio para que se construyera una basílica cristiana, que se convirtió en sede catedralicia: la actual Basílica de San Juan de Letrán. Tiempo después mandó a construir otra sobre el sitio donde se decía que había sido martirizado San Pedro y donde sus restos descansaban: la Basílica de San Pedro. En el año 313, Constantino y Licinio había promulgado el Edicto de Milán, que permitía la práctica del cristianismo. Esto le permitía a los cristianos –anteriormente perseguidos y martirizados- ocupar cargos oficiales, construir edificios propios y llevar adelante sus ritos, aunque aún no ocupaba el lugar de la religión oficial del Imperio (esto lo proclamó Teodosio en el Edicto de Tesalónica de 380). Además, entre todas las leyes que creó, abolió la crucifixión, sustituyéndola por la horca (la ley romana y la justicia sí seguían vigentes); permitió que la Pascua se celebre públicamente, y lo mejor de todo, declaró el día domingo como día de descanso.

Como el primer emperador cristiano, se esforzó por apaciguar las diferencias religiosas y convocó el Primer Concilio de Nicea en el año 325. Su objetivo era poner fin a algunos problemas doctrinales dentro de la Iglesia de los primeros siglos, especialmente la controversia con el arrianismo, doctrina que negaba la naturaleza divina de Cristo, que finalmente fue considerado una herejía por la mayoría de obispos del Concilio

Constantino fue llamado “el grande” y no fue en vano. No sólo fomentó el cristianismo, sino que además reunificó el Imperio Romano y derrotó a los francos, a los visigodos y a otros pueblos invasores, expandiendo los confines del Imperio. Pero como todo ser humano, no pudo contra una enfermedad que acabó con su vida en el año 337. Poco antes de su muerte fue bautizado para morir como un cristiano, limpio de todo pecado. Esta curiosa pero pragmática decisión la tomó durante su conversión, decidió que no se bautizaría hasta poco antes de su muerte, por motivos políticos por una parte, para no causar demasiado revuelo y que el proceso de cristianización de Roma fuera paulatino, y por motivos religiosos, ya que no quería bautizarse y luego seguir pecando gravemente durante toda su vida, algo que era casi obligatorio para un emperador romano.

Fuentes:
Vidasfamosas.com
Aciprensa
Enciclopedia Encarta