sábado, 4 de agosto de 2018
domingo, 29 de julio de 2018
La Atlántida y el origen de la humanidad (II)
XIII. La Atlántida, la Isla en la que nació la Humanidad
Un cuarto de siglo de investigaciones multidisciplinares, sumado a una concatenación de circunstancias afortunadas, le han permitido a Jorge Mª Ribero-Meneses llegar a identificar, en el mes de Marzo de 2008, el emplazamiento exacto de la celebérrima Isla Atlántida que, convencido siempre de su situación a orillas del Litoral Cantábrico, dicho investigador ha venido tratando de localizar desde que, el 19 de Abril de 1984, descubriera que tanto la Humanidad racional como la propia Civilización por ella creada, tuvieron su cuna en las Costas Cantábricas del Norte de la Península Hibérica.
Una vez establecidas, en los tres Tomos previos (VI, VII y XII), las premisas fundamentales de este asunto, este nuevo volumen profundiza en las circunstancias que determinaron la hecatombe que puso súbito fin a la civilización atlante y, con ella, a centenares de miles de años de historia, relativamente lineal, de nuestra especie, desarrollada a orillas del mar que, entre otros muchos nombres, ha respondido a los de Mar Occéana, Mar Occidental, Mar Ocre o Roja, Mar Griega, Mar de Bizkaya o Mar Cantábrica... De todo lo cual dan fe los ya cerca de un millón y medio de años de presencia humana documentada en la burgalesa Sierra de Atapuerca, con restos fósiles de los únicos individuos de esas Edades en los que se reconocen ya los muy peculiares rasgos faciales de los primeros homo sapiens de los que somos descendientes... y que brillan por su ausencia entre todos los homínidos asiáticos y africanos hasta ahora descubiertos, probándose con ello que la matriz de nuestra especie no podía hallarse demasiado alejada de aquellos Montes de Oca burgaleses en los que se encuentra Atapuerca y que nacieron a imagen y semejanza de los primitivos y genuinos Montes de Oca cantábricos.
Cuando hace alrededor de 11.000 años se precipita el desenlace de la última glaciación y el rápido ascenso de las aguas marinas en más de un centenar de metros provoca las consiguientes e inevitables alteraciones, de naturaleza tectónica, en las fachadas litorales, los fenómenos de índole sísmica y volcánica parecen haberse generalizado por doquier y muy particularmente en la abrupta Costa Cantábrica, especialmente vulnerable por su verticalidad y enorme altitud y por la violencia particular con la que se ve azotada por las aguas del Occéano. Aguas que marinos avezados, que han navegado por todos los mares de la Tierra, no dudan en incluir entre las más feroces y peligrosas del planeta.
¿Cómo es posible que todo un archipiélago como el configurado por las diez islas de la Atlántida se hunda, de la noche a la mañana, sin dejar rastro alguno, superficial, de su existencia? La respuesta a esta pregunta nos la brindan los historiadores antiguos, sin ser conscientes de ello, cuando nos dicen que las islas en cuestión se hallaban muy próximas al continente... Lo que permite deducir que, lejos de tratarse de islas de origen volcánico, surgidas en medio del Occéano como el archipiélago de Las Canarias, todas ellas tenían su cimiento en la Plataforma Continental, teniendo por ende una idiosincrasia más continental que propiamente insular. De donde se deduce que si la Atlántida formó parte de la Costa Cantábrica, de ello se infiere que todas sus islas se erguían sobre el borde de la estrechísima plataforma continental cantábrica, asomándose por consiguiente a los entre cinco y seis mil metros de los fondos abisales que acompañan, en todo su recorrido, a esa Plataforma Continental. Lo que sigue, es fácil de deducir... Cuando el rápido ascenso del nivel del Occéano hace en torno a doce mil años, desencadena una intensa actividad sísmica en la corteza terrestre, afectando de manera muy especial a la vulnerable Plataforma Cantábrica, ésta se quiebra en aquellos de sus tramos que, por la existencia de enormes y pesadísimas islas sobre ellos, resultaban más frágiles y más directa y violentamente afectados por esa subida del nivel del mar en torno a los 120 metros, produciéndose una fractura que, por afectar al punto exacto en el que hasta entonces se había desarrollado la historia de nuestra especie, iba a tener consecuencias catastróficas e irreversibles para la Humanidad.
En suma, que el archipiélago de la Atlántida no se hunde, propiamente, sino que se desgaja de la Plataforma Continental sobre la que se hallaba asentado y, resbalando por ella, se precipita con todos sus pobladores a los profundos fondos abisales cantábricos en los que todavía permanece... Tal es la razón, inédita, del hundimiento de la Atlántida, así como el porqué de que no haya quedado rastro ni vestigio alguno de aquel trágicamente malogrado Mundo Primigenio, sumergido e inédito a 5000 metros de profundidad desde hace doce milenios...
Aunque desconociera su localización, es a ese hasta hoy ignoto Mundo Primigenio al que se refirió Obrutchev con estas clarividentes palabras: De la Atlántida surgió la primera civilización del mundo, la cultura madre, y los supervivientes del gran cataclismo geológico fueron los responsables de llevar la antorcha de la sabiduría a todos los demás rincones del planeta. Si la Atlántida, en vez de estar configurada por un conjunto de Islas y por una estrecha franja litoral, hubiese sido un Continente desmesurado y, por ende, imposible de controlar y de dominar, ni el ser humano habría alcanzado el altísimo nivel intelectual que conquistó en ella ni, por consiguiente, habría llegado a ser la Cuna de la Civilización...
Es fácil deducir a qué niveles de devastación debió quedar reducida la Costa Cantábrica como consecuencia del gigantesco tsunami que el hundimiento del Archipiélago de la Atlántida hubo de producir, con olas de centenares de metros que arrasaron todo el Litoral hasta muchos kilómetros tierra adentro, provocando una terrible mortandad entre los pobladores de aquella Atlántida ya propiamente continental, cuyos supervivientes de la Cordillera Cantábrica estaban llamados a ser los que, como intuyera Obrutchev, llevaron la antorcha de la sabiduría a todos los rincones del planeta...
Jorge María Ribero Meneses
Para leer la primera parte de este artículo sobre la Atlantida, pinchar en el siguiente enlace:
La Atlántida y el origen de la humanidad, parte I
miércoles, 25 de julio de 2018
sábado, 30 de junio de 2018
Roma contra Judea, desmontando mitos. Cristianismo vs Paganismo y Judaísmo
Los neopaganos que profesan un fuerte anticristianismo, basándose en
ciertos textos protestantes y en Nietzsche (que se educó en una familia
protestante y es considerado como el padre de la posmodernidad) contrarios a Pablo de Tarso y a la Iglesia, influidos también
por el neopaganismo de la
Nouvelle Droite de los años 70, y en no pocas ocasiones
incluso por un ocultismo gnóstico (esoterismo) de origen masónico, creen que el
Cristianismo en su totalidad, sin diferenciar sus ramas (puesto que apenas las
conocen), fue fruto de una conspiración judía para acabar con Roma y Occidente.
Critican un falso cristianismo, ya que el verdadero lo desconocen completamente,
así como su historia. Ignoran que Occidente ha sido el bastión del Cristianismo desde el principio y que el concepto de Europa se dio gracias a la cristiandad. Es aquí donde enraizó con más fuerza y desde aquí se propagó por todo el mundo. A su vez, hacen suyas las críticas anticristianas que se
dieron durante los tiempos de la Leyenda Negra (creada por la alianza judeo-protestante contra España) y de la Ilustración masónica, que aseguraban que el
cristianismo católico romano sumió a Europa en la oscuridad, creencias todas, que como veremos a lo largo del artículo son falsas y
totalmente contrarias a la realidad. En especial nos centraremos en rebatir el
artículo que Nordic Thunder subió ya hace unos años en su blog Europa Soberana
y que contiene todas estas críticas. Además dicho artículo según se ha podido
constatar es en gran medida un plagio de varias partes del libro Demolish them, escrito
por un escritor neopagano griego llamado Vlassis Rassias.
"Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa." G.K. Chesterton
Índice:
- Manipulación y tergiversación de pasajes bíblicos.
- Falso igualitarismo, manipulación de los valores cristianos.
- Sobre Jesucristo.
- El verdadero San Pablo, y la falsificación de la historia del cristianismo.
- ¿Terrorismo cristiano, o más bien, terrorismo pagano?
- Idealización surrealista de Nerón. La realidad del Imperio Romano.
- Las mentiras de la leyenda negra y la Ilustración masónica
- Desmontando a Nietzsche
- Conclusiones
Manipulación y tergiversación de pasajes bíblicos
La Biblia está
repleta de alegorías, no puede ser entendida de forma literal, además, los
últimos textos del Nuevo Testamento fueron escritos hace casi 2000 años en un
contexto social y religioso muy diferente al actual, por lo tanto, es muy fácil sacar
conclusiones erróneas si no se tienen ciertos conocimientos en estudios
bíblicos basados en la tradición y el magisterio de la Iglesia.
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martes, 26 de junio de 2018
jueves, 21 de junio de 2018
Reconquista Espiritual
domingo, 17 de junio de 2018
Alonso de Ojeda, el conquistador.
(Cuenca, 1466 - Santo Domingo, 1515) Navegante, explorador y conquistador español, veterano de la guerra contra los moriscos, fue uno de los pioneros en la empresa de conquista que
siguió al descubrimiento de América.
Acompañó al almirante Cristóbal Colón en su segundo viaje y participó
activamente en las primeras acciones para someter a los indígenas de la
isla de Santo Domingo (La Española). Conocido como el caballero de la Virgen, por su gran devoción a ésta. Entre 1499 y 1502 exploró la costa
de las actuales Venezuela y Colombia y fundó Santa Cruz, primer
emplazamiento español en el continente. Nombrado gobernador de Nueva
Andalucía (Urabá), gobernación de Tierrafirme que comprendía el litoral
colombiano, su intento de colonización fracasó, pero dio lugar a la
fundación de Santa María la Antigua del Darién, base de futuras
conquistas.El joven Ojeda se ganó en breve la buena voluntad del Obispo, quien ofreció dispensarle su protección a la primera oportunidad. Alonso tenía veintiocho años en 1494, y de él se daba la siguiente descripción: "Tenía los ojos azules, era pequeño de estatura, ágil hasta causar sorpresa, y en todos los ejercicios de las armas, maestro consumado; tenía el genio pronto y la vista perspicaz; era valiente hasta la temeridad, vengativo hasta la crueldad, tierno de corazón con los débiles, y cortés con las damas; pendenciero y duelista, pero hondamente creyente y por extremo observante de sus deberes religiosos."
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